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Carta a los participantes de la
III Reunión ODCA Área
Caribe en Santo Domingo, Republica Dominicana.
La Habana, 22 de marzo de 2004.
Sres. Gutenberg Martínez Ocamica
Presidente de la ODCA
Rafael Sánchez
Vicepresidente de la ODCA para el Área del Caribe
Eduardo Estrella
Candidato Presidencial del PRSC
Distinguidos participantes en la III Reunión ODCA
Área Caribe en Santo Domingo, Republica Dominicana:
Llegue a ustedes desde Cuba nuestro saludo solidario
en el compromiso que mutuamente nos anima por la justicia social, el
bien común y la democracia.
Es de nuestro interés compartir con ustedes algunos
criterios en relación con la Cuba actual basados en determinadas claves
que nos impelen a continuar trabajando por la transición pacifica
pactada, la reconciliación nacional y la defensa de la soberanía desde
la oposición pacifica independiente cubana.
Derechos Humanos
Al intentar brindarles una síntesis, desde nuestra
óptica, de la situación socio-política por la que atraviesa actualmente
nuestro país, tenemos el deber de comenzar por referirnos a los
aproximadamente 300 presos políticos que guardan prisión en cárceles
diseminadas a lo largo y ancho de toda la isla, de los cuales 88 han
sido considerados prisioneros de conciencia por Amnistía Internacional,
y entre los que se encuentra el grupo de los 75 detenidos y juzgados en
marzo y abril del pasado año.
Varias de estas personas – según informes de sus
familias y organizaciones de derechos humanos – padecen enfermedades
crónicas, su salud se deteriora a diario y muchos tienen edades
superiores a los 50 años. Las cárceles donde cumplen sanciones extremas
– que oscilan entre 6 y 28 años – están ubicadas, generalmente,
distantes de sus lugares de residencia, por lo que sus familiares, de
alguna manera, también han sido castigados ya que deben recorrer grandes
distancias para visitarlos.
Para estos prisioneros de conciencia pedimos
solidaridad, amnistía y, como primera medida, que sean trasladados a
penitenciarías cercanas a sus domicilios. También, que a los enfermos
más delicados se les conceda la posibilidad de cumplir la sanción en sus
hogares.
En una trabajo periodístico titulado Crónica de
un Reposo, escrito y firmado por el presidente cubano, Dr. Fidel
Castro, y publicado en el diario Granma, órgano oficial del Comité
Central del Partido Comunista de Cuba, el miércoles 25 de diciembre del
año 2002, este relataba: "– ¡No se sabe lo que vale un buen reposo!
Lo habré de recordar con la misma gratitud que los 22 meses que estuve
en prisión después del Moncada. Nunca en mi vida he leído tanto ni fui
tan dueño de mi tiempo como en aquellos días. Después la Revolución y
las tareas diarias nos transforman en esclavos –". Estas
experiencias personales del presidente cubano deberían promover la
sensibilidad de las autoridades y estimular los sentimientos de piedad
por los que sufren actualmente encarcelados como prisioneros de
conciencia.
Actualidad socio-política
Han transcurrido nueve lustros de poder absoluto en
nuestra patria y más allá de este casi medio siglo de bregar por éxitos
y fracasos, avances y retrocesos, los cubanos continuamos siendo rehenes
de la indefensión y la perentoriedad. La cotidianidad del ciudadano
medio continúa marcada por una ardua lucha por la sobrevivencia y la
esperanza de muchos apunta en derroteros hacia el exterior, lo que
implica una realización vivencial lastrada por la provisionalidad.
El quehacer fundamental del Estado parte de la
voluntad política de preservar el poder a toda costa, el que suponen
constantemente amenazado por fuerzas externas.
Cuba, aislada y bloqueada por la testarudez, la
irracionalidad y los intereses espurios de quiénes dirigen los destinos
de la política internacional, no escapa a la incertidumbre y los riesgos
de la complicada situación mundial de nuestros días.
En un contexto internacional signado por la guerra
contra el terrorismo y las acciones de estas fuerzas oscuras del mal
contra ciudadanos inocentes – de las que los cubanos guardamos profundas
cicatrices –, como sucedió últimamente en Madrid, España, y ante las
pretensiones hegemónicas unilaterales e irracionales de la colosal
potencia del norte, los peligros para Cuba ciertamente se han
incrementado.
Ya desde finales del pasado año y producto de las
próximas elecciones presidenciales del 2004 en los Estados Unidos, han
aumentado las medidas del gobierno norteamericano para demostrar, a las
fuerzas conservadoras de Florida que controlan los votos electorales, su
compromiso «contra el régimen cubano» o «contra la Cuba
de Castro» como le suelen llamar. Todo, al parecer, para ganarse los
votos de ese estado. Pero cualquier acontecimiento peligroso para Cuba
se puede producir en los tiempos que corren, en los que el respeto al
derecho internacional se ha relativizado y, en el que las Naciones
Unidas y sus instituciones son tomadas en cuenta por los que se
autotitulan líderes mundiales de la democracia cuando les es
conveniente, y cuando no, son ignoradas.
Pero Cuba no es la Cuba de Castro, es
de todos los cubanos que hemos nacido en ella, los que han adoptado su
nacionalidad y los que viven hoy fuera del archipiélago y mantienen su
cubanía.
Con estos procederes inescrupulosos, que apuntan a
preservar los intereses de poder de grupos políticos, sólo consiguen
crispar las tensiones dentro de la isla, justificar la parálisis
política y cerrar toda posibilidad al diálogo con las autoridades.
Inhiben así los procesos democráticos pacíficos por los que trabajamos y
justifican y provocan la represión en todas sus manifestaciones y
peligrosidades.
La democracia es plural por naturaleza, único y
monocromático es el sistema postotalitario cubano; la oposición
política, por tanto, también es plural y tiene diferentes visiones de un
mismo proceso.
Desafortunadamente, la democracia cristiana
internacional fue compulsada a asumir algunas de las estrategias
políticas enmarcadas en el diferendo Cuba-Estados Unidos. En los últimos
tiempos, esa misma posición fue asumida por la Unión Europea, al tomar
como referencia la política de compromiso del presidente saliente
español José María Aznar – presidente también de la IDC – con el
gobierno norteamericano liderado por George W. Bush. El equilibrio
compensatorio que de alguna manera, la UE ejercía entre Cuba y EE.UU.,
se inclinó tendenciosamente y fortaleció las barreras que, en el camino
de la transición pacifica, han interpuesto las políticas
estadounidenses. Puentes y no barreras son imprescindibles para el
diálogo pacífico. Para crear escenarios de confianza y seguridad en los
que se puedan desarrollar las acciones democratizadoras. Puentes, por
los que transitemos hacia la renovación de la sociedad cubana, los
cubanos del exilio, los del archipiélago, los que están a favor de las
autoridades actuales y los que no. Sin exclusiones, ante, durante y
después de la impostergable e ineludible transición que, hemos
reiterado en varias ocasiones, empezó mucho antes de la caída del Muro
de Berlín y el llamado Campo Socialista. En nuestra opinión esta se
inició a finales de la década de los 70 del pasado siglo con la llegada
a la isla, de los primeros grupos de la comunidad cubanoamericana del
sur de Florida. Desde entonces – y hasta el presente – es necesario
obtener una visa de entrada al país. Esta comunicación abrió las puertas
a la información y los intercambios, quebró la inercia social y puso fin
al estupor en que se mantenían la mayoría de los cubanos. Si tomáramos
este evento como un ejemplo de la factibilidad para transitar de un
estadio a otro mediante el desarrollo de un proceso, llegaríamos a la
conclusión de que han sido necesarios casi 25 años para aceptar que
todos los cubanos que viven fuera de Cuba puedan visitar la patria – a
partir del 1 de junio próximo –, solamente con su pasaporte habilitado.
Así, que luego de 25 años el régimen cubano ha resuelto reconocer como
ciudadanos a todos los que de una forma u otra han abandonado el país.
Pero, ¿por qué se ha necesitado tanto tiempo para que
este proceso se consumara? La respuesta no puede ser otra que por el
temor y la desconfianza. De ahí que pudiéramos tomar como corolario que
es imprescindible crear ambientes propicios en la confianza para
viabilizar los procesos de transición tanto en lo político como en lo
socio-económico. Y, para que estos espacios se puedan construir, es
indispensable que desaparezcan los conflictos provocados por lo que se
ha dado en llamar el diferendo Cuba-EE.UU.
Panorama económico
Muchos son los estudios de especialistas de
diferentes universidades internacionales del hemisferio norte e,
incluso, del patio, que auguran, como antaño, el fin del régimen cubano
provocado por la crisis económica sistémica de que suponen es objeto. Se
han escrito incontables trabajos académicos sobre este tema, pero,
concretamente, la realidad ha demostrado lo contrario. Cuba soportó lo
que hicieron llamar el Periodo Especial con doble bloqueo.
Bloqueo norteamericano potenciado por las leyes Helms-Burton y
Torricelli, además del producido por la desaparición del comercio con la
extinta Unión Soviética y los entonces países socialistas – miembros del
desaparecido Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) –, con los que se
realizaba el 85 % de los intercambios comerciales del país. Consiguió,
además, reconvertir la economía fundamentalmente basada en la producción
agroindustrial y minerometalúrgica a una economía de servicios, en la
que el turismo internacional ha significado, junto a otros rubros
exportables y las remesas familiares del exterior, las nuevas y
principales líneas de aporte al desarrollo económico.
Hay que añadir los éxitos en las esferas de los
intangibles, focalizados en los trabajos de investigación y producción
científicas en las áreas de la ingeniería genética, biotecnología,
médicas y otros campos afines.
Incuestionablemente, que el desarrollo cubano es
asimétrico si relacionamos los éxitos en algunas esferas de la economía
con los resultados revertidos a la población. Pero teniendo en cuenta
que las categorías económicas en Cuba siempre han sido supeditadas a las
políticas, es absurdo, en nuestra opinión, adjudicar a estos eventos la
posibilidad de poner fin al modelo imperante en nuestro país.
Conclusiones
Basados en estos conceptos, nuestra organización
prosigue defendiendo la opinión de potenciar los procesos políticos
negociados, respetuosos y abiertos. Descalifica las políticas de
bloqueo, aislamiento y todo lo que signifique injerencia e irrespeto por
la autodeterminación de Cuba.
También continuamos trabajando por crear un clima de
confianza nacional fundamentado en el respeto a los derechos humanos
universalmente reconocidos que promovemos actualmente con la Carta de
Derechos y Deberes Fundamentales de los Cubanos. Asimismo,
promocionamos un modelo de apertura para la transición a la democracia
que fue confeccionado en el año 1999 y entregado a las autoridades
cubanas bajo el título de Plataforma Común: Transición hacia la
democracia; un proyecto para completar la Nación.
Recabamos, para estos fines, el apoyo y la
solidaridad de la democracia cristiana continental reunida en la ODCA y
de los democristianos del mundo.
Hacemos votos por el éxito del cónclave que los
convoca y les reiteramos el testimonio de nuestra consideración y
respeto.
Rafael León Rodríguez
Coordinador General
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