PLATAFORMA COMÚN PARA UN PROYECTO DE NACIÓN
(MESA DE REFLEXIÓN DE LA OPOSICIÓN MODERADA)
INDICE
- PRESENTACIÓN
- CAPITULO I:
Preámbulo
- CAPITULO
II: Reflexión histórica
- CAPITULO III: Sujetos de la Transición
- CAPITULO IV: Vías para la Transición
- CAPITULO V: Política y sociedad: una
propuesta para el despegue de la Transición desde la sociedad política
- CAPITULO VI: Economía: una propuesta para el
despegue de la Transición desde la sociedad civil
- CAPITULO VII: Finalidades de la Transición
- CAPITULO VIII: Fuerza externas: su
importancia en el proceso de Transición
- CAPITULO IX: Esbozo para un proyecto de
Nación
PRESENTACIÓN
Con la Plataforma Común para un Proyecto de Nación, la Mesa de Reflexión de
la Oposición Moderada (MROM) quiere compartir una alternativa viable de cambio
democrático con la sociedad cubana.
Decimos en la Mesa compartir y no ofrecer porque
un año de preparación, de encuentros y controversias nos ha enseñado que nada
supera el trabajo colectivo, plural y participativo cuando nos enfrascamos en
una obra común.
Es este el sentido que queremos transmitir a la
sociedad cubana: compartimos un mismo destino y todos tenemos el derecho y la
responsabilidad de trabajar, reflexivamente, por el mejoramiento de nuestras
vidas.
Nuestro itinerario se inicia precisamente en la
reflexión: una reflexión autocrítica sobre qué y quiénes somos y una
reflexión crítica sobre dónde estamos. Y la labor no ha sido inútil. Al
menos hoy sabemos que las sinrazones del gobierno, que son muchas, no deben
alimentar la arrogancia de nuestras razones, que también son muchas, ni las
pretensiones que no se fundamenten en la búsqueda del saber, el conocimiento y
la claridad de perspectivas.
Hemos aprendido además a ser más generosos con
el otro, el diferente, a comprender sus pensamientos y a abrirnos a la
interpelación que enriquece, matiza y fortalece las convicciones propias.
Y esto a través de veintiocho jornadas de
reflexión y apasionamiento durante las cuales hemos intentado pensar, discutir
y diseñar un proyecto abierto a la imaginación social y a las ideas anónimas,
o con nombres, de todos aquellos cubanos que sientan el deber o la inquietud por
la política.
Para muchos parecía difícil, si no imposible,
coligar a un conjunto de organizaciones de diversos colores ideológicos, tanto
en Cuba como en el exilio, en un propósito común. La experiencia, no obstante,
ha derrotado el escepticismo y alimentado las expectativas de todos los que
optamos por la Nación. Sin embargo, cualquiera haya sido el resultado de este
esfuerzo común, nunca podría separarse de estos tres pilares: la base ética
de nuestra relación, la apuesta por el trabajo institucional y la buena
voluntad para convivir con nuestras diferencias.
De esta conjunción nace la Plataforma Común.
Una propuesta poco convencional, al menos en
Cuba, que decide hacer un recorrido capitular, reflexivo, fundamental, a veces
excesivo y puntilloso por un conjunto de zonas que ameritan una consideración
detenida por su importancia para las transformaciones democráticas.
Desde su Preámbulo hasta el Esbozo para un
Proyecto de Nación, el lector encontrará una fundamentación sustentada en una
filosofía política que busca los cambios mediante el diálogo y el
reencuentro.
Tarea ardua pero que no tiene sustitutos
civilizados que faciliten el cambio democrático y que se puede lograr si todos
hacemos un esfuerzo de inteligencia y de comprensión de nuestras propias
circunstancias.
Es ese uno de los propósitos de esta Plataforma
Común: comprender nuestras propias circunstancias para imaginar y actuar en
dirección a los cambios posibles y necesarios; desde nuestros propios
intereses, inquietudes y aspiraciones.
Las propuestas que encontrarán aquí, dirigidas
a la acción, están hechas para que puedan ser asumidas por otros en la
búsqueda de una amplia participación democrática de todas las expresiones
políticas y sociales, con el deseo de comenzar un proceso gradual y pacífico
hacia la democratización de la sociedad cubana.
Para quienes aspiramos a una sociedad en la que
todo ser humano pueda realizarse en libertad, justicia y solidaridad y sea la
persona humana centro y protagonista de una convivencia democrática, la
libertad debe consistir, también, en el sano y constructivo ejercicio de la
voluntad.
No otra cosa es esta Plataforma Común sino el
fruto de la voluntad mancomunada de las minorías sociales y políticas.
Indice
CAPITULO I:
Preámbulo
1. Desde la experiencia y desde la reflexión sólo cabe imaginar a la
Transición como un fenómeno diverso, conflictivo y trascendente. Tal es su
complejidad que las preferencias se inclinan más por pluralizar el concepto que
por establecer un modelo único -en una época en que lo único viene siendo
precisamente cuestionado por lo plural - para estudiar o para diseñar los
procesos de cambio.
2. Con ella ocurre lo mismo que con el concepto
de democracia; con la diferencia de que la Transición no sólo debe trabajar
sobre las tradiciones de cada sociedad sino tener en cuenta las coyunturas
específicas en que esa sociedad se desenvuelve.
3. Pero a fin de cuentas hablamos de
Transición, lo cual equivale a afirmar que su naturaleza específica asume
rasgos comunes que permiten imaginarla, además, como un fenómeno
generalizable.
4. Un concepto de Transición es, desde luego,
bien difícil de formular; es importante hacerlo sin embargo para quienes
asumen, desde la participación, la necesidad y la posibilidad de los cambios.
5. ¿Qué entender por Transición?
6. La MROM define la Transición como un proceso
gradual, pacífico, consciente y deliberado de transformaciones, de un estado a
otro en la sociedad, para superar estructuras críticas que impiden expresar las
demandas y necesidades a través de modelos adecuados a su naturaleza. A partir
de aquí, toda Transición adquiere un carácter específico, es decir, exige
sus propios estilos en correspondencia con las tradiciones, las condiciones y
dinámica de los actores y las coyunturas que se plantean a la sociedad.
7. La Transición, tal y como la vemos, no
implica un cambio simultáneo en todos los sectores de una sociedad sino una
transformación escalonada de éstos para neutralizar sus efectos traumáticos
en el nivel social y preservar el consenso en el nivel político.
8. Claro está, cuando el punto de arranque de
una Transición es la sustitución hegemónica de unos actores políticos por
otros, resulta relativamente sencillo transformar el resto de las estructuras e
instituciones de una sociedad. El riesgo de este tipo de transiciones por
imposición es casi siempre el retorno de los antiguos actores marginados en el
nuevo reparto social. La pregunta que podríamos hacer en este caso, por tanto,
es si la Transición social comienza, en este modelo, a través de una
Transición política.
9. Sin embargo, cuando la Transición requiere
una transformación en lo político es mucho más difícil reformar las
instituciones sociales, si no se quiere correr el riesgo de quebrar la paz civil
imprescindible para una Transición.
10. Con esto, queremos hacer una distinción
entre transiciones simples y transiciones complejas. Las primeras nacen de la
dominación política que logran los nuevos actores sociales; las segundas, de
la incorporación de esos nuevos actores al escenario político y social.
11. Por su propia naturaleza las transiciones
complejas no conllevan a un desplazamiento del pasado como fenómeno total. La
complejidad del proceso sugiere, a los nuevos actores sociales, evitar una
proyección totalizante sobre el pasado que amenace toda la riqueza social y
cultural aprovechable, destruya la visibilidad concreta de las realidades e
imposibilite la construcción del consenso mínimo con los viejos actores
establecidos. El carácter pacífico de la Transición debe ser protegido de dos
maneras: desde las mismas propuestas declarativas y desde la seguridad que se le
ofrecen a ciertos intereses. Debe ser protegido también por el lenguaje.
12. En esta perspectiva la Transición, como
paso de un estado a otro, como un viaje entre dos puntos distantes, no rompe la
estabilidad de sus propios caminos. Ello significa que una Transición compleja
no es ni puede ser rupturista.
13. Esta clase de transiciones sólo admite, por
otro lado, dos modalidades: la reforma y el pacto. Combinadas o en una
progresión sucesiva la reforma -que supone las transformaciones desde el
Estado- y el pacto -que implica la incorporación de nuevos actores- expresan el
modo en que se manifiesta la transformación en la política. De ahí la
necesidad de acentuar el carácter consciente y deliberado de las
transformaciones y de que éstas sean propuestas y llevadas adelante por actores
ágiles, desprejuiciados e imaginativos, con capacidad para controlar los
efectos de sus propias decisiones y que disfruten de la legitimidad y el
liderazgo necesarios para procesos imprevisibles.
14. De esto se desprende que una Transición
compleja debe ser ordenada exactamente, aunque no sólo, porque es imprevisible.
Además, más que en los actores del poder, el énfasis debe recaer en las
acciones de este poder.
15. Una Transición compleja, en la que se
pretenden cambios a escala estructural e institucional, no tolera una excesiva
personalización del conflicto político porque con ello se sobredimensionan los
factores sicológicos y no se logran racionalizar -una manera de comunicar- los
conflictos de intereses. En una Transición de este tipo estamos hablando de
cambios al nivel del sistema y no fundamentalmente al nivel de los individuos.
Toda Transición, sin embargo, exige un criterio de credibilidad: la
incorporación y participación efectiva de nuevos y diversos actores
políticos.
16. La gradualidad de las reformas es, por otra
parte, otro requisito de este tipo de transiciones. Ello tiene que ver con los
tiempos en que se producen o deben producirse los cambios; pero, preciso es
aclararlo, gradualidad temporal no significa una cronología preestablecida para
estos cambios, en la medida en que los tiempos de la Transición dependen en
mucho del tempo político y social quiere decir, dependen de la dinámica y de
la adaptación de los actores estratégicos del régimen.
17. Para los nuevos actores sociales y
políticos que surgen por la necesidad misma de cambios, el tempo político,
así visto, podría implicar un aplazamiento indefinido del inicio de
transformaciones visibles y satisfactorias en términos de Transición
democrática. Sin embargo, para la misma Transición, entendida gradual y
pacíficamente, es muy alto el riesgo de pretender acelerar los cambios de
manera confrontacional. En este sentido, el poder tiene la ventaja de iniciativa
y el control de los tiempos políticos pero los nuevos sujetos tienen la
posibilidad de fortalecer la cohabitación. Esto, indiscutiblemente insuficiente
para las demandas políticas básicas, demuestra la capacidad de abrir espacios
autónomos de participación y de alcanzar las transformaciones que son posibles
de efectuar desde la sociedad civil.
18. La Transición, descrita y conceptualizada
de esta forma, demanda un conjunto de condiciones; algunas bajo ámbitos
controlables y otras que escapan al dominio de sus actores dinámicos.
19. La disposición comunicativa, la visibilidad
y transparencia de un proyecto de cambios, el reconocimiento explícito de los
adversarios, el carácter constructivo de las propuestas y la búsqueda
permanente de legitimación constituyen condiciones necesarias y controlables
para quienes concebimos una Transición compleja.
20. Entre aquéllas que están fuera de nuestro
alcance, pero que inciden en las posibilidades mismas de la Transición se
destacan las condiciones económicas y las condiciones geopolíticas.
21. En cuanto a las primeras pueden afirmarse
hoy dos cosas: uno, tanto la precariedad como la relativa estabilidad económica
pueden conllevar a la Transición; de donde se sigue que también pueden
obstruirla y dos, una situación compleja a la que se le presentan fuertes
demandas de cambios estructurales requiere las mejores posibilidades económicas
para garantizar una Transición tranquila.
22. En relación con las condiciones
geopolíticas es conveniente un entorno positivo que facilite la creación de
escenarios transicionales por los actores realmente implicados en el conflicto.
23. Desde ambas condiciones -económicas y
geopolíticas- todo lo que los sujetos de la Transición pueden hacer es, en el
límite mínimo, evitar su conflictivización y, en el límite máximo,
contribuir a superarlas o estabilizarlas.
24. La MROM percibe la complejidad de la
situación cubana. Más compleja y contradictoria que en l989 o 1991 cuando la
sintonía entre discurso político oficial y sociedad real estaba menos
enturbiada y la nitidez del cambio parecía tener perfiles claros.
25. Hoy, aunque resulte paradójico, son más
visibles la necesidad y las posibilidades de una Transición democrática en
Cuba. En dos de las dimensiones más importantes de cualquier sociedad, la
económica y la política, las prácticas del poder se van haciendo menos
irracionales. La economía heroica viene siendo sustituida por la contabilidad y
el gerencismo. La ideología desde el Estado empieza a aceptar de hecho la
diversidad ideológica de la sociedad.
26. Estos son desarrollos interesantes que hacen
más compleja la sociedad cubana y su virtual Transición a la democracia.
27. Queremos construir, desde aquí, una plataforma para buscar coincidencias
con otros cubanos, dentro de nuestra natural diversidad y pluralidad, a fin de
andar un camino juntos, aunando propósitos. Buscando todos los elementos
necesarios para la Transición contando con la realidad actual. Creemos que es
posible hallar juntos caminos para hacerla. No sólo es preciso decir qué
hacer, sino el cómo hacerlo.
28. Así la Plataforma Común hará un llamado
permanente a la incorporación de todas las organizaciones y personas que asuman
nuestros fundamentos y respetará y tratará de lograr coincidencias con todas
las expresiones cubanas a fin de actuar a favor de la democratización, el
desarrollo económico, la justicia social y la soberanía nacional.
Indice
CAPITULO
II: Reflexión histórica
1. Una mirada a la historia resulta necesaria para enfocar y elaborar una
propuesta estratégica de cambios democráticos. No obstante, no pretendemos
hacer un análisis cronológico de los sucesos del pasado; antes bien, se trata
de buscar claves, variables, matices y experiencias que nos permitan analizar
mejor el presente. De cualquier manera lo que somos es también resultado de
nuestro pasado.
2. Y la Historia, así en mayúsculas, es el
acta fundacional para ciertos pueblos. Donde el origen de un intento de Nación
no puede situarse en el contrato o en el mito, la Historia aparece como el acto
creador desde el cual algunos pueblos pretenden constituirse como una entidad
única e irrepetible.
3. El mito, que casi siempre implica la
repetición ejemplar de un acto de creación sobrehumano, reviste de sacralidad
todo hecho fundacional. La Historia, sin embargo, funda por desgarramiento.
4. Cuba quiere fundarse por un desgarramiento
singular. Si la América Latina se funda también desgarrada, los países que la
constituyen van a surgir casi todos por derivación. Cuba, por el contrario, es
casi el único territorio de este continente que intenta la experiencia de la
ruptura directa con el poder colonial. Esto le va a dar un sentido de
singularidad sólo comparable, en este hemisferio, con el que poseen los Estados
Unidos.
5. De este modo, si aceptamos que el desarrollo
de la sociedad y del individuo corren parejos y se condicionan mutuamente,
tenemos que remitirnos a nuestros orígenes para poder reflexionar sobre el
presente y el futuro a través del pasado. Y este pasado sólo lo podemos
percibir desde el presente. En este diálogo sin fin entre pasado y presente,
podemos encontrar ciertas claves que conformaron nuestra identidad como pueblo y
que han predominado desde el -eufemísticamente llamado- encuentro (o
desencuentro) entre dos culturas.
6. El miedo generado por la violencia de las
etapas del descubrimiento, conquista y colonización, llevadas de la mano
conjuntamente con la evangelización, gravaron con su impronta nuestra estrenada
cultura occidental.
7. Como resultado de nuestra situación
geográfica en el mar Caribe, amén de nuestra importancia estratégica como
puente entre Europa y América, Cuba sufrió, entre los siglos del XVI al XVIII,
la exacerbada lucha de intereses entre los reinos europeos.
8. España estableció en su vasto imperio
colonial un monopolio mercantil casi total. Esto, y las frecuentes guerras que
sostuvo con distintas naciones de Europa, fueron causas que motivaron la
aparición del corso y la piratería.
9. Piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros
se ensañaron en nuestras costas y poblados y, por no ser menos, el reino de la
Gran Bretaña ocupó La Habana en 1762; ostentando el despliegue naval más
poderoso que hasta la fecha se había concentrado en estos mares. Esta
situación condicionó la militarización de los gobiernos de la Isla hasta el
final del coloniaje español.
10. A finales del siglo XVIII las principales
contradicciones existentes entre criollos y peninsulares eran, generalmente, de
carácter económico. En esos tiempos el peso fundamental de la economía del
país se sustentaba en la industria azucarera -con sus plantaciones de caña de
azúcar y sus esclavos desgarrados de África- y en el cultivo del tabaco.
11. De 1789 a 1791 se incrementa la entrada de
esclavos. Esto posibilitó un aumento de la fuerza de trabajo y como resultado
un incremento de la producción.
12. Pero con los inicios del siglo XIX comienza
un movimiento político como jamás se había conocido y así empiezan a
desarrollarse conspiraciones y proyectos de naturaleza política que
comprendían, incluso, actividades en pro de la anexión a los Estados Unidos.
En esta etapa, también, comienzan a aparecer distintos pensamientos políticos
y las ideas liberales llegan a alcanzar una gran difusión en el primer cuarto
de dicho siglo.
13. Cerrando el siglo XVIII e iniciando el XIX,
se establecen las condiciones -que infunden las nuevas ideas de libertad
inspiradas en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 y
en la Revolución Francesa de 1789- para nuestras luchas libertadoras.
14. En el Seminario San Carlos se crea la
Cátedra de Constitución al frente de la cual estará el Padre Félix Varela y
quien con su magisterio tuvo una notable influencia en la juventud intelectual
de la época. Muchos de estos jóvenes jugarían un papel destacado en el país.
Con justeza el Padre Varela ha sido catalogado como el primero que nos enseño a
pensar.
15. El fracaso de los diferentes intentos
subversivos y los trabajos por la anexión, no podían matar, empero, las ansias
por liberarse del dominio español en Cuba. Pero se hizo necesario una tregua.
El reformismo llenó el espacio que va desde los esfuerzos anexionistas hasta la
guerra de 1868.
16. Precedido de varias conspiraciones e
intentos por dar inicio a un proceso libertario, es en 1868 cuando comienza la
más radical lucha por nuestra independencia. Y es en esta fecha en la que se
inauguran tres fenómenos que van a incidir profundamente en nuestro desarrollo
posterior: la idea de la independencia como proceso puro, alimentada desde sí
misma y que no admite ser contaminada ni mediatizada por intereses ni rejuegos
políticos; vinculado a ello, el predominio que pretende, y muchas veces logra,
lo político sobre lo económico y, en último lugar, la tensión constante
entre sociedad e intento de forjar la Nación.
17. 1868 irrumpe también con otro debate
definitivo y decisorio: Poder Militar y Poder Republicano. Céspedes versus
Guáimaro.
18. A lo largo de toda la lucha por la
independencia, este debate no va a tener una solución satisfactoria en el
sentido de fortalecer el espíritu republicano con el que se quiere hacer
debutar a la "Nación". Su importancia radica, sin embargo, en que
traduce las metas interiores de la independencia. La libertad que se quiere para
Cuba es la misma que se quiere para los individuos: la libertad para regir sus
propios destinos dentro de un ordenamiento jurídico que la proteja.
19. Este ideal, en el marco de una lucha
independentista, es el que garantiza la igualdad de los patriotas frente a un
destino común y el mismo que pone en tensión las fuerzas al interior del campo
insurreccional.
20. Finalmente, 1868 nos inicia a la Política
cubana con una antropología del poder que se revelará negativa en nuestra
definición del autogobierno.
21. El caudillismo, el personalismo y la, aunque
débil, tendencia al regionalismo no contribuirán más tarde a forjar las bases
de una república vigorosa, capaz de absorber las contradicciones inevitables de
nuestra inauguración en la política "propia".
22. Durante la guerra del 68 cohabitan, en otro
orden de cosas, varias tendencias políticas definidas desde el hecho nacional,
que ponen en tensión fuerzas y sectores diversos en un territorio relativamente
pequeño.
23. En los años que sucedieron a la Paz del
Zanjón -que más que paz devino una tregua dignificada por la Protesta de
Baraguá y la Guerra Chiquita- se continuaron fermentando en la sociedad cubana
los sentimientos libertarios, no ya desde categorías económicas sino
fundamentalmente políticas. Y surge, con José Martí, la estrategia de la
Guerra Necesaria "con todos y para el bien de todos".
24. En 1892, Martí proclama la fundación del
Partido Revolucionario Cubano y se desarrolla la actividad de éste para llevar
a cabo la nueva gesta por la libertad de Cuba. Ahora los luchadores por la
libertad contaban con un programa para la patria libre. Esto faltaba en las
luchas iniciadas en 1868.
25. José Martí, quien puede ser situado en la
tradición del Padre Félix Varela, no tiene ni expresa intereses
socio-económicos verificables. Tampoco posee nexos visibles con la clase
política criolla que le ate o mediatice su ideario independentista.
26. Y con él la Nación tiene su cuerpo propio.
Pero no es éste un cuerpo fundamentalmente social y económico. Más allá de
los contribuyentes de la Revolución - hombres humildes de la emigración
económica - y más acá de esa República ética que debía armonizar los
intereses diversos de la sociedad, la Nación para Martí es un vínculo
espiritual conformado por la lucha épica de todos los muertos y los vivos de
las batallas pasadas y que debe ser puesta en práctica con el mejor de los
espíritus republicanos.
27. Con Martí se sublima entonces el poder de
la voluntad política, la Nación adquiere su mayor y mejor definición utópica
y ética y la independencia se le impone a las fuerzas predominantes de la
sociedad. Y esto último puede ser verificado cuando se analiza la composición
sociológica del Partido Revolucionario Cubano, instrumento político del
independentismo. En su interior, se pierde todo rastro de lo que podrían
llamarse fuerzas vivas de la sociedad. Y el 24 de febrero de 1895 se inicia la
gesta heroica de la Guerra Necesaria; organizada por el más extraordinario de
los cubanos: José Martí.
28. Esta, viene desde Tampa, ha sido proyectada
por el Manifiesto de Montecristi, entra a la Isla por Playitas y es llevada de
territorio a territorio por el Ejercito Libertador Cubano y contra los poderes
fácticos de la sociedad.
29. La invasión de Oriente a Occidente
protagonizada por Máximo Gómez y Antonio Maceo no describe sólo la
trayectoria de liberación del dominio español; describe además la
destrucción física de los intereses de aquéllos que no comprenden la
posibilidad y necesidad de la independencia esto es, de casi todos los intereses
predominantes de la época.
30. El 19 de abril de 1898, las cámaras
legislativas de los Estados Unidos aprobaron una Resolución Conjunta por la que
se declaraba que el pueblo cubano era y de derecho debía ser libre e
independiente. Por la misma ley, se autorizaba al presidente de esta Nación
para imponer dicha resolución por medio de las armas.
31. En este mismo año finaliza la guerra. El
Tratado de París -en el que son excluidos los cubanos- que le pone fin a ésta,
traduce más el juego de intereses y de geopolítica que la aspiración
realizada de un proyecto de independencia. Esto, que debió ser sicológicamente
frustrante para los independentistas cubanos, impide cerrar, desde sus
fundamentos, el ciclo completo de la Nación. ¿Quiénes son los sujetos del
Tratado de París? España y los Estados Unidos. ¿Quién es su objeto? Cuba.
Con esta relación contractual se le pone fin a un proceso que intento definirse
por la Historia.
32. La ocupación de 1899 a 1902, verificó que
para los cubanos la independencia nacional no se completó.
33. Cuba inaugura el Siglo XX desde la
indefinición. En otras palabras. La autodefinición propuesta en el proyecto de
la independencia no es lograda en el debut de la República. El proyecto de la
independencia suponía dos cosas: la conformación originaria de la Nación por
los cubanos y la creación endógena de la República. Ninguno de estos dos
supuestos está presente en 1902. Se iza nuestra bandera, no después que es
arreada la española -símbolo entonces de una victoria- sino una vez que es
suprimida la norteamericana -lo que constituye el símbolo de una tutela. La
República, por su parte, no es el resultado de la adecuada combinación de los
elementos propios- según los textos fundacionales de Martí.
34. La Nación nace, pues, incompleta.
35. En sí misma la República, nacida a
velocidad en el marco pacificador de la ocupación norteamericana, no expresa la
conjunción creativa de los elementos todos de la sociedad cubana. Responde,
más bien, al concepto de orden y estabilidad que era fundamental para legitimar
el nuevo diseño geopolítico de esferas de influencia y para tranquilizar y
potenciar intereses económicos. El doble proyecto modernizador de la
independencia -Nación y República- no es, pues, resuelto en los orígenes. La
Nación tutelada es el triunfo de la secular concepción reformista y
autonomista de los tradicionales poderes económicos.
36. La República nace, así, heredando la
estructura latifundaria en la economía y sin plantearse la posible solución de
un problema que tiene mucho que ver con los fundamentos de la Nación. "El
proceso del latifundio -diría Ramiro Guerra, uno de nuestros mejores
historiadores - es un proceso de revisión de la obra histórica secular de
creación de la sociedad y del Estado cubanos. Mina, socava, destruye en lo
esencial y básico de la misma, la nacionalidad".
37. La República surge, también, sin plantear
otro problema: la cuestión del negro. Trae, sin embargo, otra carga de
herencias culturales negativas que, lejos de fortalecer su espíritu, debilitan
las instituciones y las referencias democráticas y facilitan las intervenciones
externas de adecentamiento republicano. El intento de nuestro primer presidente,
Tomás Estrada Palma, de reelegirse en 1906 y su solicitud de una intervención
norteamericana, bien cumplida y satisfecha, demuestran la fragilidad con la que
se estrenan Nación y República.
38. Caudillismo, personalismo, estado como
parcela, violencia del debate político, a lo que se irá agregando poco a poco
la corrupción, están presentes en el amanecer de nuestro proyecto nacional.
39. Los grandes dilemas a definir a partir de
1902 tendrán entonces que ver con una Nación inconclusa y una República
invertebrada. Ellos, van a definir los desencuentros entre política y sociedad;
entre Nación e intereses.
40. Ha sido muy lamentable para todos los
cubanos carecer de una cultura democrática, pues un país como el nuestro que
ha tenido el privilegio de contar con hombres ejemplares en civilismo y virtud
como el Padre Félix Varela, Luz y Caballero y José Martí no ha logrado, desde
la fundación de la república hasta nuestros días, alcanzar una plena
convivencia democrática.
41. De 1902 a 1933 tenemos, sin embargo, una
etapa de eclosión de la sociedad civil y de la sociedad política. Es una etapa
en la que toman cuerpo diversos partidos: liberales, conservadores y comunista.
42. La sociedad civil también se extiende. Se
crea la Federación Estudiantil Universitaria obteniéndose, además, la
Autonomía para la Universidad. Se fundan sociedades de mujeres, concertaciones
obreras y clubes de diversa índole que agruparan intereses sociales múltiples.
La prensa se multiplica y los poderes se diseminan a lo largo, ancho y profundo
de la sociedad cubana. Hay un tejido social rico, diverso y aparentemente
vigoroso que se mueve por debajo, por encima y no pocas veces de espalda al
juego de estructuras económicas y de movidas políticas que tienen como
máscara a la República y como base a la hacienda azucarera.
43. Es por otra parte, la etapa de las grandes
obras públicas que dan la apariencia de modernización y que, en efecto,
diversifican la unidad territorial del país -al lado del ferrocarril- contamos
ahora una vía que comunica, a través de la isla, el Occidente y el Oriente del
territorio cubano. A esto se suman las obras de salubridad, higienización y de
prestigio como el Capitolio de la Habana.
44. El proceso de proletarización comienza a
cobrar fuerza en esta etapa, con las consiguientes desigualdades sociales que
reflejan la reestructuración de las clases en el marco de una modernidad
frágil y sin proyecto. Pero este es el período en el que la herencia acrítica
de la colonia acentúa la precariedad de la Nación y de la República.
45. En el dominio político, las instituciones
republicanas abren las puertas a los hombres de la guerra. El Estado es
concebido y utilizado como parcela de poder de unos generales, no precisamente
victoriosos; careciéndose de un concepto integrado de Nación y de la cultura
democrática necesarias que permitiera sacrificar el poder a la idea.
46. Los que fundan la República vigilada no son
capaces siquiera de retomar, con el ajuste de los tiempos, el proyecto
modernizador de los pensadores políticos del XIX. Archivan una tradición e
inician otra en la que el caudillismo, el personalismo y la simple ventilación
del poder económico perfilan el sentido de lo político.
47. Sin advertirlo o advirtiéndolo tensan los
nexos entre República y Nación porque, para dirimir sus críticas disputas por
el poder, se auxilian de poderes extranjeros que arbitrarán el juego y la
relación de los poderes públicos. Sucede, entonces, que el espíritu
republicano no enraiza en el sector directamente vinculado con la cosa pública.
Tendrá que ser rescatado, con lentitud, por el sector intelectual; el más
alejado por naturaleza de la sociedad llana.
48. Los que detentan el poder ponen en
reiteradas ocasiones sus intereses en pugna con la Nación. Al no estar
orgánicamente representada por ese poder visible ésta, como concepto, se
desplaza a la sociedad civil en la cual determinados grupos la atesoran y la
utilizan como un dardo contra la conciencia de aquellos sectores.
49. Para la sociedad civil, extendida como
está, la Nación no se plantea, sin embargo, como una cuestión irresuelta.
Como se ha organizado rápidamente en torno a intereses sociales, culturales y
profesionales sus problemas tienen que ver con la forma en que se organiza el
espacio público, de modo que pueda garantizarse la fluidez y coherencia de la
vida social. El problema de la sociedad civil es con la República. No con sus
instituciones, sino con su espíritu.
50. La actitud ante las dos primeras
intervenciones es ilustrativa. No hay una respuesta global de la sociedad civil
ante ellas. Es la visibilidad de algunos sectores representativos la que
elevará la protesta de la Nación a un hecho político e institucional
permanente.
51. Sociedad civil, sociedad política y Nación
no tienen un eje central. ¿ Por qué?
52. La primera etapa de la República consagra
una economía monoproductora y monoexportadora que gira en torno a la
producción azucarera. Los grandes latifundios, básicamente en manos
norteamericanas, son los que estructuran la economía y atraviesan los intereses
específicos de la clase política. La República se monta precisamente sobre
esta base simple y única: una economía que no está estructurada sobre la base
de sectores diversificados y sólidos que habrían posibilitado una
representación diversa de los intereses en el poder.
53. Hacienda azucarera y poder forman una
simbiosis que estrecha el círculo de la clase política legitimable; muy
vinculada a intereses extranjeros. En este esquema, la sociedad civil pujante no
tiene vínculos sólidos con el poder. Esta interacción crítica ahonda el
divorcio de lo que pudiera entenderse como un proyecto de Nación, en el
itinerario que va del Padre Félix Varela a José Martí. No es raro que los
textos de Martí -un intelectual-político- no hayan sido compendiados y
editados en Cuba sino hasta finales de la década del 20.
54. El discurso de la Nación es mantenido
fundamentalmente en varios sectores: el grupo de veteranos de la independencia,
que son como la reserva moral de la sociedad; un grupo de intelectuales, que van
de izquierda a derecha del espectro ideológico, y la juventud sindicalista y
universitaria que es la que empuja, con éxito, para impedir que al General
Leonardo Wood se le concediese, en 1921, un título honorario en la Universidad
de la Habana. Es ésta la que retoma el discurso de la Revolución.
55. En 1933, estalla el gobierno de Gerardo
Machado. Y sucede así por una combinación de causas que van desde una terrible
situación económica, asociada al crack de 1929, hasta el conato por el poder
de una clase política, que quiere impedir el bloqueo a la circulación de las
élites impuesto por Machado a través de una reelección constitucionalmente
proscrita.
56. Este proceso tiene dificultades para ser
llamado Revolución, aunque implicara a mentalidades y doctrinas
revolucionarias. A este respecto cabría una pregunta: ¿qué proyecto de
transformación estructural condicionó esta "Revolución" para decir,
como más tarde consagró la historiografía, que fracasó?
57. En todo caso, los problemas irresueltos
desde 1902 no colmaron las demandas exigidas en el 33 ni alcanzaron la presencia
hegemónica que caracterizan los maximalismos revolucionarios. Por otra parte,
una revolución choca con la política mediacionista de una potencia extranjera.
58. Sin embargo, 1933 fue revelador por lo que
mostró y por lo que anunciaba.
59. Mostró la debilidad de todas las
formaciones políticas, la pobreza del espíritu republicano, la carencia de una
sólida cultura política y democrática, la violencia política de los llamados
demócratas y la continuidad de los poderes económicos.
60. Anunciaba la redefinición de las
formaciones políticas y de la sociedad civil -ahora hay que agregarle un
tejido, que se forma con fuerza, de clases medias vinculadas al comercio y los
servicios-, la preeminencia de las minorías intelectuales en el debate por la
República y la mayor presencia de las minorías políticas radicales que
recuperan el discurso de la Nación y reinstauran la mentalidad revolucionaria;
el nacionalismo provisional en el poder -Antonio Guiteras es el ejemplo- y la
nueva forma del intervencionismo norteamericano -alguien la denominó
"intervención civil permanente"-. Anunciaba también la eliminación
de la Enmienda Platt.
61. A pesar de todos los males señalados, que
aquejaban aquella República, nuestro país vivía un proceso de fortalecimiento
de la institucionalidad democrática en un ambiente de libertad política.
62. La Constituyente del 40, que puede ser
calificada como una Revolución pacífico-legalista, ha sido uno de los momentos
más importantes de nuestra Historia. Tanto por la constitución a la que dio
origen, como porque puso de manifiesto la posibilidad de una democracia social
por consenso, en la que muchos sectores encontraron representación con
independencia de los bienes acumulados. Esta se proyectó con una visión ética
de la democracia que comprendía y no se limitaba a su carácter procedimental.
63. Pero la Constituyente y la Constitución del
40 expresan un orificio imprevisto en la cerrada élite política, abierto por
las incongruencias del proceso del 33 y las indefiniciones posteriores.
64. La mentalidad de la Constituyente fue
escasamente la de las élites políticas y económicas, que intentaron
reciclarse para neutralizar sus efectos de largo alcance.
65. Este período que se inicia es testigo del
afianzamiento de las viejas estructuras económicas que la constitución
preveía modernizar. La estructura latifundaria, asociada al capital
norteamericano, se enquista, independientemente de una ligera diversificación
de la tenencia de la tierra. Los nuevos poderes económicos, que alumbran una
burguesía y una pequeña burguesía modernista y de proyección social, están
más interesados en estabilizar sus intereses que en participar en la ética y
en la estética de la República. Esto los vincula estrechamente con el exterior
y escasamente con la cosa pública.
66. Aquí también vemos manifestada
significativamente la corrupción política y administrativa. Junto a esto, la
violencia que se desata al interior de la clase política establecida y dentro
de los grupos más radicales que no participan de la circulación de las élites
-sea por la naturaleza de sus demandas o por su radicalismo ético- ni de los
intereses creados.
67. Es en esta etapa donde se demuestra con
nitidez esa tendencia tradicional nuestra a que el ámbito de lo político se
superponga al dominio de las realidades económicas.
68. Porque en efecto, esta etapa coincide con
una estabilidad económica, que si bien no garantiza el bienestar de todos los
sectores sociales y se concentra y verifica fundamentalmente en los espacios
urbanos, permite hablar de una pujante burguesía y pequeña burguesía cubanas
y de un tejido de sectores difuso que impone cierta redistribución material y
social de la riqueza. En todo caso, la situación revolucionaria alimentada por
la pobreza sólo justificaba una Revolución agraria y campesina.
69. Pero hay una situación de crisis que tiene
que ver con el desgaste definitivo de la clase política: lo ilustran y lo
expresan el Partido Ortodoxo y la Sociedad Amigos de la República (SAR). El
primero es una organización político-intelectual, que trata de refundar
moralmente el dominio político y la segunda es un movimiento
intelectual-político, que trata de infundir moralidad y sentido republicano a
las élites tradicionales.
70. El golpe de Estado de 1952 paraliza y
desarticula a ambas organizaciones. Surgido como conciencia crítica de la
república y de la Nación, el Partido Ortodoxo hizo resurgir un amplio
movimiento social que quiere conjurar dos males: la corrupción, que está
liquidando las posibilidades de la República, y el problema del latifundio, que
tiene atenazada la definición estructural de la Nación. Es un
partido-movimiento - muchos lo catalogaron de populista - que amenazó con
estridencia los intereses y que desestabilizaba un orden de facto para darle
contenido cierto a un orden de jure.
71. A la muerte de Eduardo Chibás, este partido
de las no-alianzas comienza un proceso de desarticulación que le impidió jugar
un papel rector en los sucesivos procesos políticos. Su desmedida apuesta por
el hombre-del-cambio reflejó, en el límite, la mentalidad mesiánica de la
sociedad y la fragilidad interna de un partido que había apostado fuertemente
por la higienización y democratización del Estado.
72. La SAR, por su parte, había nacido desde
los márgenes intelectuales con el fin de sanear el espíritu de los poderes
fácticos de la política. Tenía conciencia de la endeblez republicana y tenía
visión para saber que si la República no se enderezaba desde la élite
tradicional podía ser cuestionada, como de hecho estaba sucediendo, desde la
élite revolucionaria, donde se fundían la exigencia de sucesión generacional
y los discursos desplazados del debate político: desigualdades y Nación. La
SAR tenía, también, una debilidad: su visión de la República era excluyente.
73. Para 1950 los partidos políticos, ejes
democratizadores del Estado, acusan una debilidad estructural que les cerraba el
camino para definir las pautas políticas del futuro.
74. El golpe de Estado de Fulgencio Batista en
1952 es la respuesta a una situación social de orden estrictamente político. Y
pone de relieve un dato que había pasado casi inadvertido en el proceso de
1933: la introducción del pronunciamiento militar en el reajuste
político-civil del Estado. Hasta 1933, la violencia política es civil. Unos
presidentes-patricios haciendo uso de su memoria para apuntalar sus derechos
entre sí mismos y frente a la sociedad. La salida del 33 deja entrever que unos
militares sin carrera pueden garantizar la continuidad del status quo. Y Batista
es hecho coronel dentro del entramado indefinido, débil y difuso del espíritu
republicano.
75. Después de 1933, sin embargo, la violencia
es devuelta a la sociedad civil y política, donde se trata de llegar o de
impedir el acceso al ámbito público y del Estado eliminando a los reales o
potenciales adversarios.
76. Pero en 1952 los poderes fácticos
reaccionan hacia el interior con el instrumento que fue concebido para
protegerles desde el exterior: el ejército. En este sentido asistimos en 1952 a
una doble liquidación. Primero, a la liquidación de la República porque los
instrumentos de gobernabilidad no son ya los propios de las instituciones
civiles -el ejército es ahora el mediador violento de los poderes fácticos
frente a los poderes ideales- y, segundo, a la liquidación de los referentes
orgánicos de la Nación porque el instituto castrense no es percibido como el
protector de sus intereses globales, sino como el garante de aquellos intereses
foráneos cuyo establecimiento imposibilitó cerrar el ciclo de la
Nación-Estado.
77. El golpe de Estado pone frente a frente,
descarnadamente, a dos élites: la élite tradicional y la élite
revolucionaria. La primera nunca logró popularizar la República, de modo que
su circulación interior estaba mediada muy débilmente por la soberanía del
ciudadano. La segunda, se forja sobre esta debilidad, sobre la herencia
inconclusa de los orígenes, como testamentaria del término Revolución -que
desde 1868 tiene una fuerte carga semántica propia- y desde las contrastantes
desigualdades -fundamentalmente entre los espacios urbanos y rurales- nacidas de
una modernización que se hace a sí misma y no respondiendo al proyecto
modernizador de unos poderes económicos integrados y con una sólida visión
interior.
78. Cuando los revolucionarios del 53 asaltan el
cuartel Moncada -la segunda fortaleza militar del país- se legitiman en la
crisis de lo político como ámbito y de la política como mecanismo civil para
regir los asuntos públicos. A la violencia atada de los poderes fácticos
responden con la violencia desatada de los poderes ideales. La relación que se
establece es la de la pura fuerza. Los unos para impedir la apertura de la
política a las nuevas élites y los otros para sustituir las bases
estructurales, no necesariamente institucionales, sobre las que se erigía y
circulaba una clase política alejada del sentido republicano.
79. En 1955 el golpe de Estado triunfante quiere
restituir la República por su base nominal. Reinstala la Constitución del 40
respondiendo a las exigencias de una sociedad civil que todavía mostraba su
vigor. Pero no completa su gesto republicano volviendo a los cuarteles;
pretende, por el contrario, jugar a las libertades públicas restituyéndole el
espacio a quienes hicieron uso de los mismos mecanismos antes utilizados para
monopolizar el Estado.
80. Detrás de la República se establece
entonces una circularidad de la violencia de la que son testigos las calles, la
universidad, el campo y los cuarteles.
81. La crisis que se manifiesta en los 50 es
atípica. Es una crisis política cumulativa en la que el dominio de lo
político estalla por sí mismo. Ello quiere decir que estos desajustes no
responden exactamente a una crisis en el dominio económico. Lejos de una
debilidad, la economía de este período muestra una expansión y un vigor de la
que no disfrutaban muchas economías europeas de la época. La burguesía y la
pequeña burguesía cubanas gozaban de un esplendor estable, lo mismo las clases
medias vinculadas al sector de los servicios y un conjunto no despreciable de
obreros sindicados. Las desigualdades, desde luego, estaban ahí para demostrar
que la riqueza, cualquiera que fuese su volumen real, no era bien redistribuida,
y los espacios rurales eran la muestra clara de la ausencia de un proyecto
modernizador coherente que diese unicidad sociológica al país desde sus
propias capacidades económicas reveladas.
82. Pero estos mismos hechos demuestran que las
inestabilidades estructurales y las indefiniciones orgánicas de una cultura
pueden desplazar los avances y las potencialidades de cualquier sociedad.
83. Para la década del 50 hay tres problemas de
origen que no están resueltos y que han recargado el debate político: los
sujetos políticos de la Nación, los sujetos nacionales de la propiedad y los
sujetos culturales de la democracia.
84. Sobre estos tres problemas funda su
legitimidad la Revolución de 1959. Nación, economía política -no en un
sentido clásico, sino nacionalista- y contrato posible de gobernabilidad hacen
del 59 nuestro segundo acontecimiento originario. El primero lo serían las
guerras de independencia.
85. Como acontecimiento originario, la
Revolución del 59 completa el ciclo político de la Nación en dos sentidos
fundamentales. En primer lugar, nacionaliza a los sujetos políticos. En sus
inicios quienes definen y deciden los asuntos públicos son exclusivamente los
cubanos. El concepto de incapacidad para el autogobierno tantas veces esgrimido
para tutelar la República es deslegitimado a un costo bien alto, privilegiando
el concepto de soberanía hacia el exterior. En segundo lugar, nacionaliza a los
sujetos económicos, pretendiendo estructurarlos desde adentro y hacia adentro.
Los intereses que no respondan a esta dimensión son eliminados con
independencia de todo criterio de derecho.
86. Este doble completamiento destruye a la sociedad civil en su contenido más
global. Espacios públicos diversificados y con intereses corporativos y
profesionales, no responden cabalmente a un proyecto orgánico como el de
Nación que quiere reajustarse frente a sus adversarios. Tampoco, sectores
económicos cuyos intereses están imbricados con la potencia que es percibida
como enemiga de la Nación por constituir. De este modo, la burguesía nativa,
más cubana que nacionalista, es atrapada por este recambio violento y
completamente destruida por el otro sentido de la Revolución del 59: su sentido
social.
87. El proceso de reajustes sociales y
definición nacional es descrito por la cronología de sucesos que van de 1959 a
1976. Provisionalidad institucional del poder; carácter marxista-leninista del
proceso; eliminación celular de la sociedad civil; estatización corporativa de
la economía, acompañada de medidas sociales y económicas positivas y
exclusión de la diferencia caracterizan, entre otros, un acontecimiento
originario que derivó en la desarticulación total del ámbito de lo político
y en la consiguiente clausura del debate democrático, entendido en términos
occidentales, que no supimos asimilar en su sentido básico y fundamental.
88. En lo adelante, Cuba se debatirá en las
tensiones de una Nación que pretende completarse negativamente y por
exclusión, de una economía que recicla fórmulas diversas siguiendo las pautas
de un Estado ideologizado, de un contrato social crítico que no logra rebasar
unos niveles primarios de satisfacción y de un pacto político histórico que
no asimila su propia temporalidad y los cambios sociológicos y culturales de la
sociedad cubana.
89. 1989 alumbrará estas tensiones con una
nitidez de alta resolución que hace de la Transición cubana -compleja por
razones de coyuntura y tradición- una necesidad inesquivable para todos los
cubanos.
90. ¿Por qué la Transición desde la
Revolución? Es necesario una reflexión retrospectiva desde este mismo
concepto.
91. Situados en 1999, podríamos intentar el
balance de un proceso contradictorio en el que los resultados no corresponden
plenamente a las expectativas abiertas y creadas con la Revolución de 1959. La
tentación de cuestionar entonces su necesidad, parece plantearse cuando se
describe su itinerario y cuando las realidades se interponen, ambiguamente, con
su proyecto de origen.
92. Sin embargo, la Revolución era necesaria
por dos razones fundamentales: porque las estructuras de la sociedad anterior
estaban en desacuerdo con las exigencias económicas, sociales y políticas de
esa misma sociedad y porque la sicología política de las élites había
heredado un concepto cargado de referencias casi míticas, concebido como la
fórmula resolutiva de nuestros problemas.
93. Pero su violencia no era compatible con su
necesidad; fue más bien el pronunciamiento de un modo casi natural de dirimir
nuestros asuntos públicos, que encontró justificación en la clausura del
debate político civil ocasionado por el golpe a la institucionalidad
democrática.
94. La principal motivación de los luchadores
contra el régimen de Fulgencio Batista era, supuestamente, restaurar el orden
democrático, poner fin a la corrupción política y darle solución a males
sociales irresueltos. Aquella no era una lucha contra un poder extranjero como
en el 68 y el 95. Era una guerra de liberación contra un poder nacional
antidemocrático y autoritario.
95. Es bajo ese signo que se produce el triunfo
del 1ro. de enero de 1959 que contó con un casi unánime apoyo dentro del
país.
96. Se ponía con ello fin a medio siglo de
existencia de una República en la que no se había enraizado una cultura
democrática. No obstante, ya existía un proceso de asimilación de las
virtudes cívicas y del respeto por los valores y las instituciones en el seno
de la sociedad. Esto lo podemos ver cuando comprobamos el apoyo dado al triunfo
contra Batista en amplios y diversos sectores de la sociedad.
97. Pero a partir de 1959, el programa de la
Revolución es atrapado por su método. Una combinación de factores lo pueden
explicar.
98. Los intereses económicos que se afectaron,
más la alianza precipitada con la antigua Unión Soviética y la configuración
cada vez más evidente de un sistema socialista - concebido en occidente en
aquellos años de plena guerra fría como el paradigma de lo antidemocrático-
fueron contribuyendo a que las relaciones con nuestro vecino del norte se
hicieran cada vez más hostiles.
99. Un gobierno comunista en el continente
americano era percibido por Estados Unidos como una amenaza. La Crisis de
Octubre y la historia del continente latinoamericano en lo adelante
demostrarían que los hechos y el orden socio-político en Cuba tendrían
connotaciones más allá de sus costas. Y esas connotaciones, ha quedado
también sobradamente demostrado, fueron mucho más que referenciales. La
hostilidad práctica de los Estados Unidos y el intento de universalizar un
fenómeno de raíces muy particulares dimensionó el carácter político de este
proceso, por encima de sus propuestas democráticas, sociales y económicas.
100. Múltiples medidas económicas y sociales
fueron tomadas de manera radical por el poder recién estrenado; y comenzaron
las afectaciones a los intereses de las clases privilegiadas las cuales
iniciaron un creciente éxodo, fundamentalmente hacia los Estados Unidos.
101. Pero las leyes de reforma agraria, medidas
económicas positivas y necesarias, son absorbidas rápidamente por una lógica
política extraña a su naturaleza y que derrama al Estado en el interior de su
estructura. La nacionalización, que estaba prevista en el ordenamiento
jurídico de 1940, es atravesada también por esta lógica. Ella, no es el
objeto de un litigio que pueda resolverse contractualmente sino el nutriente que
alimenta la radicalidad hostil entre un proceso histórico popularizado y una
potencia extranjera.
102. En todo el trayecto que va de 1959 a 1965
se observa el proceso contradictorio de una Revolución que se consolida con su
propio método, al tiempo que ejecuta un programa social exigente: las referidas
leyes de reforma agraria, la alfabetización, la entrega de viviendas y la
explosión cultural coinciden con una guerra civil focalizada, la invasión de
Girón, la Crisis de Octubre, la expulsión del gobierno cubano de la OEA y la
militarización de la sociedad cubana. También se inicia en este período uno
de los fenómenos que más ha desgarrado a nuestro país: la emigración por
oleadas de un número cada vez más creciente de compatriotas, insatisfechos con
la situación socio-política que viene atravesando Cuba.
103. Tres momentos históricos deben ser
destacados: 1965, 1980 y 1994. Los tres, reflejo de una crisis social, expresan
la crítica puntual y el agotamiento de los nacionalismos ideológicos y
excluyentes.
104. Ya desde el período que transcurre de 1959
a 1961 la Revolución que había triunfado para librar al país de un régimen
de facto va deslizándose, en medio del apoyo acrítico de la mayoría del
pueblo, hacia la eliminación de un orden socio-político que se había
establecido en el país después de 1902. Dentro de este proceso, del que sólo
la élite revolucionaria controla su lógica, se produce el cambio de señales
del nuevo poder: ahora, estamos hablando de 1961, la Revolución pasa de ser
nacional-democrática a socialista.
105. En este sentido la Revolución Cubana es
doblemente singular: su nuevo carácter no es resultado de un manifiesto
público de origen, sino del aprovechamiento de una coyuntura que le permite
redefinirse; por otra parte, no es su socialismo quien readapta su nacionalismo
sino su nacionalismo quien domina su socialismo. Y es desde el nacionalismo
desde donde el hecho otorga nombre al proceso.
106. Para entonces, muchos de los que
participaron activamente en la lucha antibatistiana se han apartado de la
Revolución. La realidad política que se instauraba no correspondía con los
objetivos por los cuales lucharon. ¿Era aquella la consumación del programa
del Moncada?
107. La totalización del Estado que comienza a
describirse a partir de 1965 no está inscrita ni escrita en el manifiesto de la
Revolución, sino en la combinación de circunstancias - sicológicas,
sociológicas, culturales y externas- y de expectativas que posibilitan que una
élite desborde a su propio proyecto originario. De 1959 a 1965, no existió el
escenario de reposo para colocar a la nueva élite frente a su propio discurso
fundacional. Por el contrario, ésta pudo afincarse en la hostilidad externa
como constructor de la soberanía y completador de la Nación.
108. No es posible comprender el proceso sin
este referente: si las intervenciones militares de principios de siglo
resultaron molestas para un nacionalismo difuso, que por un efecto acumulativo y
una concientización en marcha llegó a alcanzar perfiles claros, si la
"intervención civil permanente" desdibujó críticamente la
soberanía de la Nación en la mayor parte del período que va de 1933 a 1958,
el intento de deshacer un acontecimiento porque este haya hecho un recambio
explícito en su legitimidad ideológica, tendría que chocar con su legitimidad
originaria.
109. Una idea orgánica como la de Nación no
tolera lo que un intelectual y político como Manuel Márquez Sterling denominó
"injerencia extraña". Ella explicará, en buena medida, a la
Revolución de 1959 y el golpe consiguiente a una modernización que es
globalmente percibida como un proceso exterior a los propósitos originarios de
la independencia.
110. En este contexto puede y debe entenderse un
hecho que va a marcar nuestro proceso posterior: el deslizamiento hacia la
órbita política y económica que representaba la antigua Unión Soviética.
111. A partir de 1968 se desata una ofensiva que
estará teñida de dos colores: un color revolucionario de superficie, que habla
de defender a la Revolución de sus enemigos, y un color ideológico de base,
que compensa mentalmente la desaparición de la sociedad civil y su red
insustituible de servicios.
112. La Totalización del Estado se transfiere a
la sociedad desde 1970. No en forma institucionalizada, sino movilizativa. La
zafra azucarera de ese año anuncia, en forma entusiasta y popular, el modelo
socioeconómico que regirá a Cuba en las décadas posteriores.
113. Pero el esquema del socialismo real en Cuba
combinará la racionalidad económica de un proyecto ideológico
marxista-leninista, con la economía heroico-entusiasta de la participación
desregulada e irregular de la sociedad, en una modernización de estilo
soviético. Esto pondrá en tensión el proyecto planificador del Estado con la
economía popular del gobierno, y explicará la precariedad endémica de nuestra
economía cuando se enfrenta a la desaparición del bloque Este-europeo.
114. El proyecto totalitario de la sociedad
-iniciado desde mucho antes- se completa en las demás esferas. Desde la prensa
hasta los espacios de autorganización civil y pública; desde la escuela hasta
el orden diferenciado y espontáneo de la familia -con su correspondiente
estructura moral y ética-, todo comienza a ser atravesado por una concepción
totalizante que va vaciando y marginando las zonas íntimas y privadas de la
sociedad. En rigor, sociedad y Estado se confunden para no dejar lugar a ninguna
lógica independiente. Rota así la base occidental de nuestras instituciones,
desaparecen del discurso y de la práctica política toda noción de respeto a
los derechos humanos.
115. La institucionalización republicana de
1976 no crea un Estado de derecho por un contrato entre la sociedad y el Estado.
Sólo viene a concretar, desde las instituciones, un pacto histórico entre los
que se habían galvanizado en torno a la Revolución. Por eso, en 1976, se
somete a referéndum la organicidad y organización del Estado pero no la
existencia y preeminencia de un Partido Unico.
116. Ello permite la fusión del Partido con el
Estado y abisma aún más la distancia entre quienes deciden y quienes ejecutan
las decisiones políticas fundamentales. Nuestro ciudadano sólo puede
reproducir pero no reestructurar el poder.
117. En lo adelante, la sociedad cubana se
desplaza, con altos y bajos, dentro de este esquema. En él, desarrollará
programas sociales importantes que tienen que ver fundamentalmente con la
educación -una educación ideologizada que no deja espacio a un verdadero
laicismo- y con la salud, y que permitieron forjar los altos niveles de
instrucción profesional con los que cuenta nuestro país.
118. Pero en 1989, asistimos a la liquidación
del socialismo real. Desaparecen con él los soportes económicos que habían
sido fruto de una alineación ideológica, y la legitimidad de un modelo de
organización social y política que fue incapaz de demostrarse a sí mismo sus
criterios de viabilidad.
119. A partir de 1989, y más aún desde 1991,
el país vive un proceso crítico de deterioro económico-social, dado por el
derrumbe del campo socialista y la desaparición de la URSS; con quienes el
país mantenía el 85% de su intercambio comercial. El nivel de vida de la
población descendió ostensiblemente, comienzan a manifestarse fenómenos como
la prostitución y el desempleo, crece la corrupción y todo ello va
enrareciendo un ambiente social que se percibía estable.
120. El ámbito político no queda exento de
esta crisis. Muchos de los valores que el esquema ideológico había promovido
durante estos años desaparecen. Se hace más acentuado y generalizado el afán
de emigrar en amplios sectores de la población. El descontento deja de ser
velado y comienza a manifestarse a escala popular, pero no en términos de
exigir cambios políticos. Los cubanos ahora no se atreverán a demandar el fin
del sistema político, no obstante lo descalificarán no tan solapadamente.
121. Se abre para Cuba, necesariamente y desde
aquí, la era de una modernización democratizadora -históricamente pendiente-
cuya dificultad y posibilidad ponen de relieve el mismo enroque político de los
tiempos iniciales: la necesidad de una apertura en dirección al sustrato
pluralista de la sociedad cubana y la urgencia de un pacto social renovado.
122. Sin embargo, para los que buscamos el
establecimiento definitivo de un Estado Nacional de Derecho, es imprescindible
detenerse en lo que sigue: el completamiento del proyecto de Nación frente al
exterior destruyó la legitimidad y la posibilidad, cualesquiera éstas hayan
sido, de la institucionalidad democrática en la sociedad cubana. En la exacta
medida en que aquélla naturalizó su posibilidad desvirtuando la soberanía,
democracia y Nación aparecieron como dos categorías extrañas a sí mismas.
123. Restituir la legitimidad y la posibilidad
de la democracia pasa, precisamente, por asumir la Nación en la zona
cubanamente sensible de la soberanía. Ello supone colocarla en el mismo nivel
de prioridades que para nosotros tiene la democratización, de modo que sea
posible disolver la tensión conceptualmente artificial entre Nación y
democracia.
124. Desde aquí, es importante marcar distancia
pública con la injerencia y con todos los criterios tutelares que alimenten la
percepción de que los esfuerzos democratizadores en la sociedad cubana tienen
un sello exterior. Completar la Nación hacia el interior - equivalente de la
democratización y posibilidad única del Estado Nacional de Derecho - nos exige
potenciar el completamiento exterior de la Nación, es decir, defender la
soberanía nacional como marco comunitario de los diversos actores sociales y
políticos internos.
125. En ello han de jugar un papel esencial los
Sujetos estratégicos de la virtual Transición cubana.
Indice
CAPITULO
III: Sujetos de la transición
1. Para precisar los Sujetos de la Transición es necesario volver al concepto
que habíamos definido en el Preámbulo. Allí, entendíamos la Transición
" como un proceso gradual, pacífico, consciente y deliberado de
transformaciones, de un estado a otro en la sociedad, para superar estructuras
críticas que impiden expresar las demandas y necesidades a través de modelos
adecuados a su naturaleza".
2. También, conceptualizamos las transiciones
en simples y complejas, en correspondencia con la participación de los actores
o sujetos en el proceso.
3. Una Transición compleja, como ésta que nos
ocupa, para que sea realmente viable, necesita no sólo de la participación de
nuevos actores en el escenario político y social, sino del reconocimiento de
éstos por los actores tradicionales en el poder, para consensuar una nueva
dinámica de renovación democrática, tanto desde las estructuras del Estado,
como desde la sociedad civil.
4. En el reconocimiento de esta sociedad civil y
en el reconocimiento de los derechos y libertades individuales, radica el éxito
de cualquier tentativa de cambio pacífico.
5. El desarrollo de este éxito se produce
cuando los actores comprenden la lucha que existe entre las fuerzas del cambio y
las fuerzas del inmovilismo. No sólo tiene que reconocerse la presencia de esas
fuerzas, sino también identificarse y relacionarse entre sí en una situación
concreta. De ahí la importancia del diálogo social entre todos los factores de
la sociedad cubana.
6. Nuestra sociedad, como todas, está en
situación constante de relativa tensión; sometida a dos tipos de fuerza: las
que tratan de promover los cambios y las que se afanan por conservar el status
quo.
7. En el nuevo esquema postotalitario del
Gobierno cubano, persiste una actitud fundamentalista que defiende el
inmovilismo. Este régimen no puede permitir, por definición, diferencias
importantes de opinión; en cambio, la democracia no existe, mientras no se
reconozcan públicamente las divergencias. Estas dos formas son lógicamente
incompatibles y no pueden conciliarse. Este sistema en Cuba tiene su apoyo real
y basa su continuismo en la utilización de militares en la mayoría de las
esferas de la sociedad.
8. En una cita genial, Gandhi planteó que:
"ningún país gobernado por un ejército, aunque sea el propio, puede
considerarse moralmente libre".
9. Es por esto que se hace imprescindible la
existencia legitimada de la sociedad civil dentro de Cuba como premisa esencial
de los cambios pacíficos.
10. En el entorno de esta sociedad civil
emergente, estarían las organizaciones políticas opositoras pacíficas, las
organizaciones defensoras de los derechos humanos, la Iglesia Católica, las
Iglesias Protestantes y otras denominaciones religiosas, así como asociaciones
e instituciones alternativas como son: los sindicatos independientes, las
asociaciones profesionales, la prensa alternativa, los trabajadores por cuenta
propia, los intelectuales y otros sectores representativos de la civilidad
social.
11. Todos estos sujetos, asumiendo la necesidad
y la posibilidad de la Transición, participarían deliberadamente en el
proceso. Pero para que este proceso se verifique en un marco de confianza y de
paz social, deben participar, necesariamente:
Ÿ El Gobierno Cubano.
Ÿ La oposición pacífica.
Ÿ El exilio cubano.
12. El gobierno Cubano, evidentemente, por tener
el control total de la sociedad a través de las instituciones del Estado, y por
la responsabilidad histórica que le corresponde en la solución de la crisis
actual.
13. La oposición pacífica, por ser la
iniciadora de las propuestas de Transición y constituir una reserva
ético-moral de los sentimientos democratizadores dentro de Cuba.
14. El exilio cubano, porque forma parte
indisoluble de la Nación cubana y posee, además, una importante experiencia
acumulada que podría potenciar y dinamizar este proceso de modernización,
renovación y reconciliación nacional.
15. Estos tres conjuntos conforman los sujetos
primarios de la Transición. En la actualidad podemos hablar en Cuba de un
contexto en Transición que, desbordando el discurso explícito de las
autoridades, viene transformando la realidad económica, social y política del
país en alguna medida. En este sentido, la realidad está implicando una
evolución.
16. Visto desde la realidad, el contexto en
Transición es un proceso global que atrapa a la mayoría de los sectores
sociales y que les permite expresar, no siempre en forma explícita, sus
intereses, aspiraciones y necesidades. Así, en la Cuba de hoy, la categoría
Pueblo no tiene más contenido que el de indicar una pertenencia cultural e
histórica a un modo específico de ser. En el presente, no hay otra forma de
aproximación a la realidad sociológica que no sea a través de la
especificidad de las categorías sociales.
17. En el campo socioeconómico están presentes
estas categorías sociales, que pueden representar a determinados agentes
inconscientes de cambio:
18. La neo-burguesía formada alrededor de
sectores económicos vinculados primordialmente a capitales extranjeros. Forjada
al interior de la nomenklatura política, esta categoría es visible en sectores
como el turismo, la industria informática y de comunicaciones y determinadas
empresas comercializadoras; es menos visible en industrias menores como la
electrónica y la industria ligera. Ella, estaría más interesada en continuar
la modernización que en revertir un proceso altamente favorable.
19. La burocracia ministerial de aquellos
sectores también vinculados con las inversiones extranjeras. Aquí, el proceso
de modernización burocrática y el nexo con el exterior ha creado mejores
condiciones y permitido una racionalización, a partir del saber y la capacidad,
que es no sólo beneficiosa sino atractiva para los implicados.
20. La capa gerencial -ya el mismo concepto
significa un cambio en la mentalidad- muy asociada a formas de administración
occidental y con intereses muy específicos en el bienestar y en su mundo
privado. Para ella, la Transición es un hecho práctico y verificable, no
teórico.
21. La pequeña empresa individual embrionaria,
dentro de la que debemos contar al llamado Trabajo por Cuenta Propia y a los
campesinos privados. Estos podrían ser catalogados como nuevos actores
socioeconómicos. Los campesinos privados, porque contando sólo con menos del
15% de la tierra cultivable en el país, participan significativamente en el
mercado agropecuario cubano. Los llamados Trabajadores por Cuenta Propia porque,
aún con las innumerables restricciones y los altos impuestos a los que están
sometidos por el Estado, han venido creando una importante red que ofrece
servicios cualitativamente superiores a la red de servicios estatales. En sí
mismos, estos sectores demandan una profundización en las transformaciones que
les permita participar con más eficacia, garantía y prosperidad en el proceso
económico.
22. Otros sectores vinculados a la agricultura.
Se destacan principalmente aquellos relacionados con el tabaco, el café y el
cacao. Su dinamismo actual tiene mucho que ver con los estímulos propios del
mercado y con formas de organización y gestión más autónomas. Asocian su
suerte, pues, a los intereses y a la modernización. Lo mismo sucede con las
Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y las Cooperativas de
Producción Agropecuaria (CPA) que, sin embargo, han visto paralizadas las
transformaciones necesarias en dirección a una mayor autogestión y a criterios
más participativos.
23. Las Fuerzas armadas, que se insertan en la
vida civil y económica iniciando formas de gestión y de producción menos
ortodoxas. Y esto es importante para la modernización por dos razones: primero
porque abre las posibilidades de reconversión civil de los militares y segundo,
porque racionaliza y profesionaliza un sector sobredimensionado ajustándolo a
las capacidades reales de la economía.
24. Los trabajadores del sector estatal. Los
más afectados por una modernización incompleta que los fragmenta según sus
empresas participen o no de la inversión extranjera. Si bien un proceso
acelerado de modernización podría llevar a un desempleo masivo, la
modernización incompleta está segregando espacios agudos de desigualdad y
diferenciación tecnológica que daña la capacidad de muchos trabajadores para
participar del bienestar, cualquiera sea su magnitud real, y de la economía. El
interés de los trabajadores en la profundización de las transformaciones
económicas sería doble: por un lado reduciría la brecha entre los que
participan y no participan de la modernización, por otro lado, obtendrían
directamente el fruto de su trabajo con el consiguiente bienestar para sus
familias.
25. Segmentos de la población asociados a la
economía informal. Ellos expresan las formas económicas primarias de la
sociedad civil.
26. El sector intelectual y profesional. Ambos participan del saber y la
producción de conocimientos e ideas y en ambos, la necesidad y las demandas de
modernización están presentes. La crisis visible en estos dos sectores es
patente y se manifiesta de dos maneras: una crisis de crecimiento que busca
acceso a la pluralidad, multiplicidad y diversidad del saber y una crisis de
identidad que conlleva al abandono de las profesiones que no reportan beneficios
materiales o satisfacción intelectual. Aquellos que han encontrado un vínculo
permanente con el exterior, no logran, o logran con evidente dificultad,
articular su vida en un espacio intelectualmente diverso o profesionalmente
útil. Ello explica el creciente éxodo de las mentes hacia lugares más
promisorios. Para estos sectores, la Transición es una necesidad misma del
conocimiento y sus posibilidades de expresión.
27. La juventud. La que mejor expresa las
demandas y necesidades de la modernización desde el punto de vista
generacional. Su crisis genérica de valores debe ser interpretada también como
una crisis de inadaptabilidad a ciertos valores sin contenido o cuyo contenido
ha sido desvirtuado por los mayores. Independientemente de su ideología o de
las ideologías, la juventud busca incorporarse al mundo; de ahí que alimente,
en primer lugar, la cultura de la fuga y del consumo y la ruptura con los
valores. No siempre para bien de la vida social.
28. La determinación específica de los sujetos
sociales es definible. Que sean vistos a través del prisma de la Transición no
resulta de la aspiración de llenar sociológicamente "el vacío" de
unas propuestas marginales de cambio, sino del papel y la dinámica que cada una
de estas categorías viene jugando en la sociedad cubana del presente. La
diversidad de espacios e intereses que de este modo se vienen creando, indican
una mutación irreversible en el tejido social.
29. Sin embargo, es evidente que no toda la
sociedad está interesada en los cambios. Resultaría poco serio pretender
atrapar procesos complejos desde conceptos totales. Pero resulta evidente
también que al interior de todos los sujetos estratégicos de la sociedad
existe un movimiento de Transición hacia la modernidad y la modernización. En
congruencia con este movimiento de Transición, se requiere que la voluntad
política se encuentre con la voluntad y acción sociales de modo de garantizar
una Transición Tranquila.
Indice
CAPITULO
IV: Vías para la Transición
1. ¿Por qué es necesaria la Transición?
2. A la Nación cubana le es imprescindible que
en breve plazo sean encaminados los pasos que nos conduzcan a la Transición.
3. La actual situación presenta un clima
económico, político y social que se ha tornado complejo; creando una
incertidumbre que a nada ni a nadie puede favorecer.
4. Este clima, probablemente seguirá siendo
crítico sino se encamina una solución positiva y estructural a la situación
socioeconómica, la corrupción generalizada, la desesperanza, la profusión
constante de delitos para paliar la subsistencia y la inseguridad potencial que
supone para muchas familias cubanas su dependencia económica del exterior.
5. Ya no existe el llamado socialismo real;
tampoco existen en Cuba una economía de mercado ni el conjunto garantizado de
libertades individuales, que son imprescindibles para la prosperidad de los
pueblos y los individuos. Ello nos coloca en desventaja con el mundo en
desarrollo, independientemente de las potencialidades u otras seguridades con
que cuenta la Nación.
6. Esto hace de la Transición una necesidad
histórica. Si en Cuba fueron necesarias la Guerra de los 10 Años, la Guerra
organizada por José Martí e iniciada el 24 de febrero de 1895, la
Constituyente de 1940 y la Revolución que triunfó el 1ro. de enero de 1959; se
hace hoy imprescindible un proceso de democratización que, a través de una
Transición Pactada, nos abra gradualmente las puertas a una modernización
integral.
7. Las necesidades de nuestra sociedad así lo
exigen. Lo exige también la globalización con sus dos procesos más
dinámicos: democracia y economía de mercado. Cada día que perdamos para el
inicio de estos procesos, es un día ganado para la desesperanza.
8. Transición Pactada significa, en principio,
corresponsabilidad. Todos sin excepción tenemos una cuota de responsabilidad en
nuestros destinos actuales. La frustración y la nostalgia no son posturas
políticas e intelectuales serias, a la hora de abordar un proyecto de
transformaciones. Habernos equivocado es un dato profundo, que se inscribe en
nuestro propio estreno como república en 1902.
9. La filosofía de los que proponemos dicha
Transición puede resumirse en una frase: no traemos debajo del brazo el látigo
de la crítica, traemos el pan de la posible solución.
10. Sin embargo, nadie puede expresarla mejor
que José Martí cuando escribió:
11. "Las causas no necesitan solamente
razón; necesitan razón y cortesía, derecho y mesura... La urbanidad en la
forma no excluye la vehemencia en las convicciones... Nunca se acepta lo que
viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene de razonado
consejo... El gobierno es el decoro, y la Patria no debe tener enemigos en sus
propios hijos. Si el gobierno yerra, se le advierte, se le indica el error, se
le señala el remedio, se le razona y se le explica..."
12. De esa filosofía parte la Transición
Pactada. Su adopción debe entenderse como una opción preferencial por las
posturas maduras y civilizadas para la solución de los conflictos, cualquiera
sea su naturaleza. Al mismo tiempo, como una fórmula incluyente alejada de las
filosofías violentas que demandan la cabeza física o política de los
adversarios.
13. Sin embargo, tanto en el ámbito mundial
como local este tipo de Transición es posible. Los fundamentalismos,
generalmente, continúan siendo elementos dinámicos del discurso político pero
no de la realidad. Traducen más la voluntad del poder, que los hechos sociales.
14. Por eso es que observamos, en algunos
escenarios, la cohabitación de los discursos doctrinales rígidos y las
reformas -a veces tímidas, otras más audaces- que tratan de reacomodar la vida
económica y social a los procesos mundiales.
15. Ciertos actos o medidas puntuales y
coyunturales, en ausencia de un programa concreto y de una voluntad política de
cambio, viene creando un virtual contexto en Transición. Esto escapa a los
diseños de reacomodo, pues en sí mismo resultan en la práctica muy difíciles
de ser revertidos por los poderes políticos dominantes.
16. Medidas económicas liberalizadoras, cierta
tolerancia hacia el adversario y permisibilidad social con la diferencia
constituyen fenómenos, dentro de ese contexto en Transición, que crean el
terreno involuntario para una Transición global. Dicho contexto puede ser
ilustrado en Cuba con la visita pastoral de S.S. Juan Pablo II. Ella no sólo
demostró que la diversidad ha estado siempre presente en los cubanos, sino que
esa misma diversidad hace irrelevante la fusión entre Partido Único y Estado;
entre Patria, Revolución y Socialismo.
17. Una Transición Global en Cuba, que supone
una Transición por pacto, tiene sus propias características. Como todas las
transiciones, la cubana parte de realidades sui generis.
18. La insularidad de Cuba, su posición
estratégica y su cercanía a los Estados Unidos; el hecho de que el liderazgo
actual sea el mismo que inició la Revolución, sin que haya dado muestras de
voluntad de cambios, la adopción por ese mismo liderazgo de una ideología que
no estaba escrita en los textos originales de esa misma Revolución y la
existencia de un exilio numeroso, patriótico, económicamente sólido y con
fuertes aspiraciones políticas complejizan el escenario cubano.
19. Lo complejizan, por otro lado, tres
fenómenos. En primer lugar, Cuba es quizá el único país donde se empieza a
hablar de Transición sin que se hayan producido cambios fundamentales en las
estructuras del sistema. En este sentido, cuando se piensa en Cuba, la
Transición se imagina comparándola con los procesos en sociedades totalitarias
anteriores.
20. En segundo lugar, si Europa del Este fue
"sorprendida" por la Transición, Cuba está "preparada"
para ella. En otras palabras. La distancia temporal es una variable que afecta
el tipo de Transición a producirse por el hecho de que la clase política en
plaza, que aún conserva el poder, sabe a dónde puede conducir la
"clásica" Transición del socialismo a la democracia.
21. Y, en tercer lugar, la mayoría de los
actores del espacio político alternativo que apuestan por la Transición, tanto
intelectuales como "hacedores" del proceso, han "tropezado"
-en los azares del debate político cubano- con esta metodología; ausente para
los predominantes estilos tradicionales de concebir el cambio político en Cuba.
Lejos de su búsqueda sistemática, el concepto de Transición nos asalta por
imperativo de los tiempos.
22. Todo lo anterior aconseja que se actúe con
el mayor grado de responsabilidad y gradualidad; por supuesto, desde el respeto
a todos los que de forma pacífica luchan por alcanzar una solución a la
problemática nacional.
23. ¿Qué debemos entender por Transición
Pactada?
24. Un proceso eslabonado que implica el
contexto creado por las tímidas reformas y comprende el diálogo incondicional,
la negociación pactada y los pactos resultantes de estas negociaciones.
25. El diálogo amplio como eslabón que da paso
a la negociación. Ésta, como instrumento concreto que busca un acuerdo. Desde
luego, para un diálogo incondicional sería deseable, positivo y favorable que
las autoridades continuarán la liberación, también incondicional, de
prisioneros políticos; así como que vigorizaran los climas de tolerancia en el
marco de la legislación vigente.
26. De este modo el diálogo, que concebimos
como intercambio positivo y respetuoso de mutuo reconocimiento e
identificación, entre los sujetos estratégicos del cambio, para crear
ambientes de negociación, permitiría concentrar el debate en cuestiones
estrictamente positivas.
27. La negociación pactada implica que la
discusión, sobre temas concretos objetos de virtuales acuerdos, tendrá por
base una serie de conceptos: Nación, soberanía, no-injerencia, gradualidad de
los cambios y reconocimiento y respeto integral de los derechos humanos.
28. Los pactos, comprenden los acuerdos
específicos que resulten de la negociación entre los sujetos políticos y
sociales de la Transición.
29. Dos circunstancias han de tomarse en cuenta
para todo este proceso:
30. La legitimación y legitimidad reconocida de
todos los virtuales sujetos de la Transición Pactada.
31. El carácter complejo de la situación que demanda soluciones internas
multilaterales y consensuadas. Ello significa que las soluciones sostenibles
para los problemas actuales requiere de múltiples y diversos actores. Tanto por
una razón de derecho como por una razón de eficacia.
32. Este proceso demanda, además, un nuevo
lenguaje político. La ausencia de intercambio entre adversarios históricos,
condicionó el lenguaje de la incomunicación. A su vez, la preeminencia de este
lenguaje ha imposibilitado la comunicación, que las circunstancias exigen, para
construir los puentes de tránsito posibles y necesarios.
33. Cuba cuenta con condiciones favorables para
ello: un alto nivel de instrucción y preparación de nuestros ciudadanos, un
sólido carácter emprendedor como lo demuestran los cubanos tanto dentro como
fuera de Cuba, un sentido profundo de solidaridad; una rica y diversa raíz
cultural, una ausencia de serios conflictos étnicos y un deseo inmenso de
reconciliación nacional.
Indice
CAPITULO
V: Política y sociedad: una propuesta para el despegue de la Transición desde
la sociedad política
1. Cuba constituye hoy un escenario plural. Plural es, también, la visión de
los diferentes sujetos y agentes de cambio que se debaten y participan de este
escenario, así como de quienes se acercan a él desde distintas partes del
mundo.
2. Puede decirse entonces que Cuba ya no es la
sociedad monolítica que unos pretendían que fuera, ni tampoco la sociedad
abierta que otros quisieran que sea.
3. Esta indefinición la traduce, en términos
políticos, el postotalitarismo: una situación en la que los discursos, las
estructuras y la voluntad originarios del régimen no son plenamente satisfechos
por las realidades, pero donde éstas no encuentran modelos visibles que la
representen.
4. Cuba viene así cambiando demasiado para
aquellos que desean lo contrario, y escasamente para los que buscamos, desde las
necesidades y desde nuestros valores, que nuestro país asuma con coherencia los
cambios producidos en el mundo.
5. Semejante situación no puede generar una
percepción común. Según sean la mentalidad, la filosofía y la información
de los diversos observadores y actores, Cuba es una sociedad comunista o
socialista; una sociedad totalitaria o autoritaria; un país democrático o
antidemocrático; una dictadura cordial o un espacio premoderno de estilo
sultanístico y popular o un territorio plural y fascinante del Caribe.
6. Este desacuerdo en las definiciones refleja,
en términos de convivencia, la crisis de salida de una política y de entrada a
otra política. De salida para los defensores del actual modelo que, no
adaptándose y resistiéndose a los cambios necesarios, utilizan para su causa
el único vocabulario políticamente prestigioso de estos tiempos -democracia y
derechos humanos-. De entrada para los que, proponiendo transformaciones
profundas, no encuentran, desde sus ideales, una participación satisfactoria en
la vida nacional.
7. En esta crisis de salida y de entrada se
observa un hecho interesante: tanto los que salen como los que entran comparten,
aún expresando contenidos y realidades distintos, conceptos básicos comunes.
Algo que es crucial para los intercambios políticos.
8. Pero el desacuerdo en las definiciones de
esos conceptos básicos revela algo más importante: la ya histórica
desigualdad de fuerzas entre los diversos y plurales sujetos de la realidad
política cubana.
9. Una realidad como la nuestra, en la que el
vocabulario político no es homogéneo y los actores son diversos, muestra que
la hegemonía es resultado de una relación desigual de poder y no de un
consenso social libre y público; ampliamente otorgado y aceptado. Y una
hegemonía que se fortalece de esta manera, ahonda más la desigual relación de
fuerzas entre los diversos sujetos.
10. Con esta desigual relación de poder, hemos
pretendido construir, por casi cuarenta años, proyectos de cambio hegemónicos
y totales en y para Cuba; con los resultados ya conocidos. Y esto, desde el
Discurso de la Confrontación. Ello ha provocado que la mayoría de nuestras
políticas alternativas hayan carecido del realismo necesario para conectarse
socialmente, y para crear escenarios viables de transformación.
11. Si, como hemos afirmado casi por tradición,
el pueblo cubano está contra el régimen, es importante explicar por qué no
hemos podido poner en práctica propuestas de cambio que contarían con unas
mayorías efectivas. Y si el miedo es un dato razonable, habría que explicar
entonces por qué no hemos articulado proyectos asumibles por una sociedad
temerosa.
12. El Discurso de la Confrontación, hasta el
presente, no ha tenido el éxito esperado. No sólo porque se enfrenta al poder
inmenso del régimen, sino por cuatro razones vitales: primero, no plantea
soluciones al problema raigal de la Nación; segundo, al emplear discursos duros
y simplificadores limita su alcance y su capacidad para captar los matices de la
realidad cubana. Diez años después de la caída festiva del Muro de Berlín es
casi suicida pretender que en Cuba nada ha cambiado; tercero, siendo el pueblo
cubano socialmente progresista, está, en términos políticos, dominado por la
cultura del miedo y, cuarto, la solución de un conflicto, desde sus
fundamentos, no pasa por la confrontación; pasa por el reconocimiento, el
diálogo y la negociación entre las partes. Es por eso que la filosofía del
diálogo no nace de la impotencia o de las coyunturas adversas, sino de una
concepción raigal y de largo alcance.
13. Podría pensarse que el Discurso del
Diálogo está llamado a fracasar. Sin embargo, las circunstancias no han sido
propicias para que una filosofía dialogante se establezca como alternativa
visible. Por un lado, los discursos confrontacionales han sido mayoritarios
dentro de la comunidad disidente y opositora. El debate visible se ha dado, de
este modo, entre discursos duros que obstruyen la difícil creación de
escenarios racionales para la transformación política. Por otro lado, las
posturas de diálogo no han gozado de prestigio político y cultural en los
círculos alternativos predominantes. Finalmente, dialogar se ha entendido
muchas veces como la manera pacífica de sustitución hegemónica y despedida
civilizada del poder actual, cuando en rigor dialogar significa un proceso de
intercambios y concesiones mutuas.
14. Pero no han de medirse el fracaso o el
éxito de ambas concepciones por su capacidad para sentar o rendir a las
autoridades políticas del régimen. Entendemos su éxito o su fracaso por su
capacidad para alcanzar, crear y estabilizar escenarios positivos y alternativos
dentro de la sociedad cubana.
15. En este sentido son los promotores de
ambientes constructivos y de diálogo, tanto dentro como fuera de Cuba, los que
básicamente han logrado nuevos y difíciles peldaños en la escala
pro-democrática y de derechos humanos.
16. Si la estabilidad es una condición
necesaria para preparar los espacios alternativos en dirección a la
transformación democrática, aquélla ha estado del lado de las posturas de
diálogo, no de confrontación. Y esta estabilidad es imprescindible, para
garantizar que la comunidad nacional e internacional nos valide más como
sujetos de alternativas políticas que como objetos de derechos humanos.
17. La situación presente de Cuba parece avalar
nuestra hipótesis. Un ambiente de cierta tolerancia y permisibilidad, de
determinado reconocimiento a alternativas culturales y religiosas, de evidente
retroceso en los diseños irracionales de represión -aún cuando han podido
observarse regresos puntuales- ha sido fruto de esa filosofía que privilegia el
diálogo crítico y la aproximación constructiva a la realidad cubana.
18. Estos hechos -que vienen creando climas más
favorables para ulteriores pasos y transformaciones más visibles que exigen
plantearse ya en un ámbito constitucional e institucional- demuestran que el
toma y daca es la concepción más razonable y de dimensiones más humanas, en
tanto reduce la virulencia y el dramatismo del debate político y obtiene
ganancias para el aquí y el ahora de los seres humanos.
19. Nada hay más cercano a la filosofía de la
desesperanza, que rechazar el mejoramiento posible de nuestras vidas y de
nuestros ambientes políticos a cambio de las promesas inciertas y atemporales
de un cambio súbito y total. Nunca es más posible el diálogo, sobretodo si
este es constructivo, cuando los adversarios aceptan la imposibilidad de la
mutua destrucción.
20. Desde estas realidades y desde la filosofía
que la anima, la MROM considera que deben seguir profundizándose y
estabilizándose los ambientes de tolerancia hacia los movimientos y
manifestaciones de alternativas pacíficas.
21. Como ha venido argumentándose a todo lo
largo de nuestras reflexiones, la idea básica que sustenta las propuestas de la
MROM es el logro de una Transición gradual, pacífica y ordenada hacia la
democracia. Estamos convencidos de que Cuba no puede seguir siendo la excepción
inmovilista en América latina y uno de los últimos reductos del totalitarismo
a escala mundial.
22. Somos conscientes, también, de la total
falta de voluntad de las autoridades para hacer las necesarias transformaciones
democráticas. Pero la realidad con la que se enfrenta la Nación es una:
aferrarse al esquema postotalitario actual y continuar negándose a avanzar
acorde con el mundo que hoy se va configurando -donde la libertad política,
social y económica son imprescindibles- sería condenar a nuestro pueblo a la
marginalidad y a las penurias; con un gran peligro para la integridad nacional.
23. Creemos que la sensatez puede superar la
ausencia de voluntad política. Precisamente, la solución más viable al
problema cubano está en que el gobierno asuma esta sensatez y la
responsabilidad ante los problemas del país, poniendo en primer lugar los
intereses de la Nación. Para ello pueden y deben fortalecerse los ambientes
necesarios de consenso político y social. Tomando esto en cuenta hacemos las
siguientes consideraciones:
24. En manos del gobierno está que, de forma inmediata, y sin que implique un
cambio institucional, se fortalezcan los climas de tolerancia; suprimiendo todo
acto de represión cubierto o incubierto por actividades políticas pacíficas y
otorgándole su pleno sentido a todas las garantías procesales, como el hábeas
corpus, establecidas para el tratamiento a detenidos, así como reconociendo el
status de preso político. Esto mejoraría sensiblemente la situación dentro
del país, y ayudaría a evitar que continúe enrareciéndose la paz social.
25. La actual legislación vigente brinda cierto
margen para que puedan existir asociaciones de diferente tipo. El gobierno
podría y debería respetar esas mismas leyes; dando un margen mayor a la
creación de una sociedad civil independiente. La gran mayoría de las
organizaciones independientes en Cuba han solicitado, oficialmente, su registro
en el marco de la Ley de Asociaciones sin que hayan recibido respuesta alguna
por parte de las autoridades.
26. Además de justo, es primordial que sean
puestos en libertad todos aquellos que se encuentran sufriendo prisión por
motivos de conciencia y que se revisen las restantes causas por motivos
políticos. Resultaría incoherente eliminar la represión, con la permanencia
en las cárceles de ciudadanos por esos mismos motivos.
27. Es posible y necesario encaminar los
primeros pasos en dirección a un diálogo nacional. En este sentido podrían
establecerse contactos y encuentros de la comunidad civil y política emergentes
con autoridades e instituciones oficiales. Esto iría creando el clima adecuado
para una necesaria y posible negociación entre todos los factores implicados en
la problemática cubana, (gobierno, oposición interna, exilio) encaminado a
pactar una auténtica Transición a la democracia.
28. En consecuencia hacemos, en la dirección de
propiciar mejores ambientes políticos, las propuestas siguientes:
I- Eliminación de toda forma de represión y
hostigamiento, sea de forma cubierta o encubierta, hacia la comunidad política
y civil alternativa que pacíficamente trabaja por promover cambios. Ello
implica por supuesto a los disidentes y opositores y a sus familiares.
II- Sobreseimiento de todas las causas
pendientes por motivos políticos, siempre que hayan implicado actos pacíficos,
o de conciencia.
III- Reconsideración de todos los casos de
disidentes u opositores que hayan sido expulsados de sus centros laborales y
estudiantiles, por motivos políticos o de conciencia, para su ulterior
reinserción.
IV- Dar continuidad al proceso de liberación
incondicional de prisioneros políticos y de conciencia que se viene verificando
desde el segundo semestre del año 1997. Dicho proceso, como se ha revelado,
resulta beneficioso para toda la sociedad.
29. Estos pasos, algunos inmediatamente
verificables y otros sólo observables en el tiempo, fortalecerían los climas
de confianza y credibilidad -en tanto podrían ser interpretados como un
reconocimiento de facto a la comunidad civil y política alternativa- para
implementar otros pasos y medidas que crearían y conducirían a los ambientes
de Diálogo Incondicional.
30. Serían estos:
- Activar la Ley No 54 de Asociaciones para
aquellos movimientos u organizaciones alternativos virtualmente
acreditables, y que hasta la fecha no han recibido respuesta a su solicitud
de reconocimiento legal de acuerdo a la legislación vigente. En tal sentido
deben crearse las condiciones pertinentes para la libre actuación de los
sindicatos independientes.
- Ajustar los actos políticos y
administrativos de las oficinas, dependencias, autoridades y funcionarios
del Estado a la legislación vigente.
- Poner en práctica mecanismos de contacto,
que propicien un intercambio institucional entre los organismos oficiales y
alternativos, para construir escenarios de diálogo y mutua identificación.
Ello podría lograrse a través de una Mesa de Contacto o cualquier otro
instrumento social o político ajustable a estos propósitos.
31. Sin lugar a dudas todas estas medidas
podrían ser revertidas. Para su aplicación se requieren, por tanto, garantías
institucionales y constitucionales que vayan estableciendo las bases de un nuevo
contrato social, y que disuelvan los obstáculos jurídicos que se interponen a
ella. En este sentido habría que reconsiderar, dada su obsolesencia, la reserva
legal que recoge el Artículo 62 de la vigente Constitución.
32. En el plano social serían muy beneficiosas
ciertas medidas que mejorarían, no sólo el clima político, sino la situación
existencial de todos los cubanos.
33. En tal sentido, proponemos las siguientes
medidas iniciales:
34. Permitir la diversificación de la cobertura
social. Esto significa crear los mecanismos para que un conjunto de
instituciones no gubernamentales puedan contribuir, junto al Estado, en la
asistencia a los más necesitados en cuestiones tales como la vivienda, el
vestido, las medicinas y los alimentos.
35. Flexibilizar los mecanismos de movilidad
social tanto internos como externos (regulaciones para la entrada y salida del
país), eliminando en unos casos y reduciendo en otros los requisitos que
dificultan y hacen engorrosos e injustos los trámites para este tipo de evento.
36. Autorizar la creación de asociaciones de
beneficio social, para lo que habría condiciones a partir de los Trabajadores
por Cuenta Propia y otros sectores sociales que obtienen ingresos relativamente
importantes. Ello ayudaría a fomentar obras sociales comunitarias.
37. Eliminar las restricciones administrativas,
anticonstitucionales, que prohiben el acceso de los nacionales a centros
públicos.
38. Reevaluar, en virtud del carácter laico del
Estado y del eminente carácter social de los aportes a la creación,
manutención y desarrollo de las instituciones públicas, las consideraciones
político-ideológicas que condicionan y dificultan el acceso de jóvenes y
adultos a los centros públicos de enseñanza universitaria e impiden la
pluralidad en la enseñanza. En este mismo sentido es necesario buscar
soluciones razonables y prácticas para afrontar el grado de deserción y
malestar en relación con la enseñanza preuniversitaria, que ocasionan los
internados obligatorios en el campo.
39. Permitir los medios alternativos de
comunicación social y dar mayor posibilidad de circulación a los ya
existentes.
40. Eliminar la discriminación en el empleo por
motivos políticos, sociales, de sexo u orientación sexual, raciales y
religiosos.
41. Eliminar las restricciones a la compraventa
de vehículos, inmuebles o bienes raíces a los ciudadanos cubanos.
42. Avanzar este u otro conjunto de medidas,
sustentadas en el criterio de que serían pasos iniciales necesarios para
alcanzar una sociedad democrática y libre, beneficiaría la convivencia social
y política de la sociedad cubana y estaría en conexión con las necesidades de
nuestro país. También, con la concepción gradualista que asume y defiende la
MROM, para fortalecer los escenarios positivos que permitan una Transición
Tranquila hacia ese estado de plenitud democrática.
Indice
CAPITULO
VI: Economía: una propuesta para el despegue de la Transición desde la
sociedad civil
1. La Propuesta de la MROM comienza por una constatación obvia: la importancia
que tiene la economía no sólo para la salud de una sociedad y de sus
individuos, sino para garantizar la estabilidad de una Nación y la fluidez de
su vida social y política.
2. La época moderna ha colocado en primer lugar
la necesidad que tienen las sociedades de satisfacer, con un criterio
sistemático y sostenible, las demandas de alimentación, vivienda, vestido,
salud, educación y comunicación que son imprescindibles como soporte natural
de la especie humana y para facilitar la realización positiva de otros valores
humanos que no son reducibles a la vida material.
3. El eje de la vida económica ha sido uno de
los fundamentales, si no el fundamental, para definir y concretar la
modernización. Las cuestiones puntuales que exigían una respuesta concreta en
los albores de la modernidad eran las de cómo y quiénes iban a resolver el
dilema de garantizar las necesidades básicas de amplios sectores, que esa misma
modernidad colocaba visiblemente en el espacio público, y sobre la base de un
conjunto de derechos naturales o adquiridos.
4. El por qué y el para qué de la modernidad
ya no admitían dudas. La desacralización del mundo, con sus dos fuertes
demandas de igualdad y participación, desacreditaba cualquier protesta
aristocrática de justificar los privilegios y la economía venía a demostrar
que, en ausencia o en presencia de Dios, los hombres podían ser iguales si
combinaban acertadamente trabajo, organización, recursos, capacidad e
inteligencia, riqueza y distribución.
5. La modernidad se estructura y se divide,
precisamente, en torno a este dilema.
6. El llamado socialismo real, fruto genuino de
esa modernidad, quiso ser una respuesta a ese dilema. El intento de
planificación total de la economía, de centralización y control de todos sus
procesos, de aniquilar o desvirtuar el mercado y de deslegitimar la propiedad
privada era un proyecto modernizador que pretendía garantizar, aceleradamente,
las mismas metas, demandas y exigencias de la modernidad.
7. El economista Schumpeter había dicho, más o
menos, que la diferencia entre feudalismo y capitalismo era que mientras el
primero sólo producía medias para las reinas de Gran Bretaña, el segundo
estaba en capacidad de producir esas mismas medias para las obreras.
8. El socialismo real quiso y dijo que iba a
producir medias de mejor calidad para las obreras, que las iba a distribuir
igualitariamente entre todas y que, además, lo realizaría sin explotación.
9. Desde este criterio, muchos han argumentado
que el socialismo real incurrió en un error irrecuperable: definirse en los
mismos términos que el mundo que decía superar.
10. En cualquier caso, la persistencia de esos
términos fue la que permitió hace mucho tiempo llegar a una segunda
constatación obvia: el socialismo real como modelo económico alternativo de
modernización fracasó.
11. Para Cuba este fracaso es una tercera
obviedad. Y ello ha venido a demostrarlo el prolijo cúmulo de estudios sobre la
economía cubana que, desde diversos ángulos y con diferentes énfasis y
matices, viene a ahorrarnos el inventario teórico y fáctico de dicho fracaso.
También, la praxis social.
12. Esto, por supuesto, no nos lleva, en una
suerte de arcaísmo totalitario, a negar la existencia en Cuba de un determinado
avance, respecto a 1959, en ciertos sectores industriales y el desarrollo de lo
que los economistas llaman, con evidente criterio utilitarista, capital humano.
Capital humano que se descapitaliza de manera acelerada.
13. En lo que constituye una conciencia real de
la inviabilidad del modelo, las autoridades cubanas han dejado atrás todo
intento de regular el proceso económico según sus esquemas. Dos hechos lo
demuestran: la ausencia de un programa quinquenal a la vieja usanza
planificadora y la ausencia de un proyecto coherente para asumir la crisis de
reestructuración de la economía. Todo ello viene siendo visible desde que en
1993 se establecen las primeras medidas liberalizadoras.
14. ¿ Qué tenemos hoy en Cuba? La coexistencia
de esquemas distintos de organización económica. Hagamos un inventario:
propiedad y posesión estatales, economía individual, propiedad y posesión
cooperativa, propiedad y posesión mixtas, propiedad privada titular, no
plenamente jurídica, de la tierra, pequeña empresa individual atenazada
(léase cuentapropismo); todas atravesadas por lógicas distintas y no
conectadas entre sí por una estructura homogénea de mercado que permita la
plena racionalización del espacio económico.
15. Esto podría asemejarse a una
diversificación de la posesión, no exactamente de la propiedad, sino fuera por
el hecho de la presencia directa o difusa del Estado, por la ausencia de un
reconocimiento jurídico y de una liberalización de la fuerza de trabajo y por
la falta de apertura del mercado a una serie de bienes y servicios. Pero al
mismo tiempo todo esto demuestra una virtual y posible retirada del Estado como
actor de diversos espacios económicos, así como la falta de coherencia del
discurso económico.
16. Por otra parte, se pretende resolver en la
esfera de la circulación lo que es propio de la producción. Con una política
arbitraria de precios y no de estímulos sistemáticos a la producción intenta
el gobierno sanear los excesos de liquidez. Esto ha ocasionado la
reconcentración del dinero en pocas manos y una recesión del escaso mercado
interno.
17. Según Monreal y Carranza en "los retos
del desarrollo en Cuba: realidades, mitos y conceptos", la revitalización
del crecimiento económico registrado en el período 94-98 sólo permitió
recuperar la tercera parte del producto perdido entre el 90-93; la utilización
de la capacidad industrial instalada se estimaba en el 98 en niveles inferiores
a los del 89, mientras que la inversión no había desempeñado un papel
significativo. La desaceleración de la reanimación económica, apenas en el
cuarto año de crecimiento (97), reveló nuevamente las limitaciones de esta
economía al margen de una transformación profunda.
18. Sin embargo, los crecimientos
macroeconómicos de las últimas etapas, siempre en cifras oficiales, están
definitivamente asociados a sectores estratégicos implicados en medidas de
tendencia relativamente liberalizadoras, en comparación, por supuesto, con el
inmovilismo que paraliza a no pocos sectores estatales. Algunas zonas de la
agricultura - café, cacao y tabaco- funcionan ya hoy con dinámicas distintas,
no sólo respecto a otras zonas de la agricultura sino en relación con el
grueso de la planta industrial del país. El repunte del último año, en el
deteriorado sector azucarero, refleja como un área estratégica -estratégica
mientras otras potencialidades de la economía cubana no se desplieguen- puede
renacer si empieza a divorciarse de esquemas productivos y organizativos
obsoletos. Estos son sectores que, no obstante, repiten los modelos asiáticos
de producciones completamente orientados al mercado exterior o al mercado
prohibitivo.
19. En sentido general, empero, la agricultura
no avanza decididamente, hacia el desplazamiento del latifundio. La entrega de
tierras en usufructo es un proceso lento atenazado por las limitaciones que
impone el Estado. El despegue de la agricultura, fundamental para darle soporte
a otros procesos económicos, continúa por tanto detenido en la lógica
experimental y política de un poder que no se decide a cerrar el expediente de
un proyecto agotado. Y esto se produce frente a la evidencia de que casi el 80%
de la producción agrícola se obtiene, al margen de cualquier consideración de
rentabilidad, dentro de esquemas organizativos que reformulan parcialmente las
concepciones estatistas.
20. Este proceso, que introduce elementos ajenos
al diseño económico originario, se viene dando también en ciertas industrias
revitalizadas para responder a la lógica del mercado. Sectores dentro de las
industrias ligera, de hidrocarburos, minera y electrónica participan y
responden en el mercado por su viabilidad, lo que ha supuesto una
reestructuración interna y la aplicación de criterios empresariales de tipo
netamente occidental. El turismo, una industria que renace agresivamente, es el
sector de excelencia de esta nueva dimensión económica.
21. La significación sociológica de este nuevo
fenómeno es de suma importancia. La creación de espacios monopólicos, o en
todo caso de monopolios segmentados, ha conllevado a la reconversión burguesa
de la nomenklatura, nacida del poder político, y a una redefinición del
proletariado: en la base está el obrero tradicional, le sigue el trabajador de
Cuello Blanco y por encima una capa de gerentes que mantiene una relación
técnica, no estrictamente política, con sus subordinados. Ello es nuevo dentro
de la estructura social cubana.
22. La relación clientelar, con su secuela de
corrupción y de compadrazgo, es otro resultado del monopolio y de su simbiosis
con el poder político; fenómeno que se enquista en el marco de una política
inversionista discrecional que alimenta a la cultura del favor como forma de
licitación política.
23. La pequeña empresa individual,
impropiamente llamada Trabajo por Cuenta Propia, es otro dato interesante,
presente dentro de un paisaje económico ambiguo, que reestructura a la sociedad
cubana como embrión de una sociedad civil y de una capa social independiente
vinculada a los servicios, y que vive conjuntamente con unas clases medias
creadas en el mundo del arte y el deporte y al interior de profesiones
gerenciales e informatizadas.
24. Completan este mapa sociológico los
segmentos mayoritarios vinculados a sectores obsoletos de la industria, la
agricultura, los servicios y la burocracia. Distribuidos por todo el país pero
concentrados fundamentalmente en las zonas rurales, estos segmentos son como
"el tercio excluible" de una modernización crítica y costosa que se
define de manera lenta y autolimitada.
25. Así entendemos, precisamente, el
Perfeccionamiento Empresarial.
26. Una de las reformas en la estructura y la
gestión de las empresas cubanas, el Perfeccionamiento Empresarial introduce
algunas medidas positivas que tienden a dinamizar el sector industrial y de
servicios buscando eficiencia y competitividad.
27. El propósito descentralizador, cierta
liberalización del comercio exterior y de la capacidad de decisión, el
autofinanciamiento y la posibilidad de asociarse directamente con capital
extranjero, la autonomía para elegir la fuerza de trabajo y la estimulación
directa al trabajador en dependencia de sus aportes o capacidad para crear
utilidades son, entre otras, medidas interesantes que van en la dirección de
relanzar la industria y los servicios y de desarrollar y perfilar el potencial
humano.
28. La posibilidad de que los trabajadores
firmen convenios colectivos de trabajo y una carta de idoneidad aparentemente
desideologizada, viene a completar ciertos cambios importantes dentro del
proceso económico que deben ser mirados de cerca.
29. Sin embargo, persisten algunas limitaciones
que podrían estar dando al traste con el éxito de este Perfeccionamiento
Empresarial.
30. El Estado como definidor de las políticas
globales de las empresas, la obligatoriedad de remitir las utilidades a los
organismos superiores -en detrimento de una fiscalidad sobre dichas utilidades-,
la continuada política de estimulación indirecta al trabajador como forma de
participación en las ganancias, la persistencia de los criterios políticos
para determinar la idoneidad del trabajador y, por último, la ausencia de una
estructura de mercado abierta, visible y homogénea que regule los precios
atentan contra la descentralización, muchas veces contra la autonomía y otras
tantas contra la competitividad, la real medición de la eficiencia, el
estímulo sostenido al trabajador y la real liberalización de la fuerza de
trabajo.
31. En este sentido, las limitaciones presentes
en este proceso técnico de "avanzada" reflejan el intento de
modernizar sin perder el control del proceso económico y las indefiniciones de
la economía en general.
32. Indefiniciones porque ciertamente conviven
en Cuba espacios económicos inconexos y fragmentados, dentro de una lógica de
control que demuestran la incapacidad del Estado para efectuar una retirada
útil de zonas económicas donde su presencia no es reclamable, y su incapacidad
para retroalimentarse coherentemente de procesos que le han permitido
sobrevivir. Con alto costo para su propio discurso, pero con ganancias
insospechadas para su permanencia.
33. El mercado racionado -con precios
subvencionados por el Estado-, el mercado de la economía dolarizada -que es
desigual en cuanto a los puntos de partida, pero igualitario en tanto pone a
todos en igualdad de acceso a productos situados con anterioridad en la zona de
los privilegios-, el mercado de compromisos, que implica el intercambio en
especie de favores y servicios por compromisos adquiridos, y el puro mercado
negro conviven en un país donde oficialmente no se reconoce la hegemonía de
las leyes del libre mercado. Esto genera un conjunto de contradicciones que
ponen en evidencia los peligros a los que se aboca una sociedad cuando las
instituciones de derecho se niegan a reconocer las realidades de hecho.
34. Cuba no vive su crisis de reestructuración
con coherencia. Tampoco vive de acuerdo con la propia profundidad de su crisis
económica.
35. En el primer caso, los crecimientos
macroeconómicos chocan con los desequilibrios de la balanza comercial y de la
balanza de pagos. Ello se agrava por el impacto real del embargo en cuanto al
encarecimiento de las compras cubanas y por la ausencia de contribución de los
organismos financieros internacionales. Las necesidades de inversión de la
economía cubana, no son plenamente cubiertas por los inversionistas extranjeros
y los préstamos se encarecen por los altos intereses que se le imponen a una
economía considerada como de riesgo.
36. En el segundo caso, una combinación de
economía informal y de remesas genera un bienestar segmentado, bien por encima
de la capacidad productiva real de la Nación.
37. A esto contribuyen también las partidas
sociales: si, según estimados de organismos especializados de la ONU, el
Producto Interno Bruto (PIB)per cápita de Cuba en 1998 se situó a 1 mil 250
USD, ciertamente lejos de Haití (800 USD) y lejano detrás de otros países del
Caribe (3.000 USD en República Dominicana y 8. 000 USD en Trinidad y Tobago),
de hecho y según la norma "la paridad del poder de compra" que
sostiene la ONU, el PIB per cápita pasaría a dos mil novecientos dólares por
causa de un sostenimiento en cantidad de servicios facturados en pesos que tiene
la población tales como la educación y la salud, mientras que la República
Dominicana conservaría el mismo nivel de PIB por habitante en razón de tener
una economía dolarizada.
38. La pregunta sería si la Nación cubana
puede sostener, a largo plazo, una erogación semejante que no encuentre
respuestas productivas sostenibles.
39. Por su parte y en materia de empleo, las
cifras oficiales declaran un 5% de personas sin empleo -el concepto de desempleo
no se reconoce-. Sin embargo, la mayor parte de los observadores extranjeros
evalúan en 25% de la población la proporción de los no activos y cerca del
35% el número de desempleados en la capital. Estos datos deben ser matizados,
no obstante, por la existencia de un sector informal, tolerado más que
estimulado, y que a pesar de un control incrementado por parte de las
autoridades, representaría cerca del 15% del mercado de trabajo.
40. Nuestra economía reclama una
reestructuración profunda. Las bases de un proceso semejante están echadas. Si
las reformas iniciadas en 1994 fueron detenidas o lentificadas en 1998, su
posibilidad institucional y teórica continua abierta. Los últimos hechos no
publicitados revelan ciertos movimientos en la agricultura que si bien no
alcanzan la categoría de reformas, reflejan la conciencia política de que el
estancamiento es perjudicial para los destinos de la Nación.
41. En cualquier caso, el proceso múltiple de
mundialización, que es como se dice en español, no deja muchas opciones a los
que aplican la lógica de la espera en economía. Y tanto la mundialización
como la crisis de reestructuración de nuestra economía revelan que las
autoridades cubanas, por sí solas, son incapaces de dar respuestas a los retos
actuales.
42. Como no pocas veces ha sucedido en la
ciencia, la mundialización supone un cambio radical en los modelos económicos.
43. La nueva pregunta que se nos plantea a
nosotros los cubanos es: ¿cómo, volviendo al lenguaje común, montarnos al
tren cada vez más acelerado de la globalización?.
44. La globalización, imperativo insoslayable
de esta nueva época, es un reto que debemos asumir con mentalidad positiva por
sus enormes ventajas, y con cautela ante sus ciertos peligros.
45. Las posibilidades de rápida comunicación,
de una información directa, precisa y veloz, de transferencia tecnológica e
inversión de capitales, de complementariedad económica y de reducción en los
costos y precios de determinadas mercancías, al participar de una economía
global vía regionalización, son beneficios que muy bien pueden aprovechar las
ventajas comparativas que ofrece nuestra economía.
46. Sin embargo un proceso como el de
globalización, que nace en los polos más desarrollados de la economía
mundial, no puede ser trasladado, sin una crítica preventiva, hacia la
periferia del desarrollo donde se mueve nuestro país. La introducción
incontrolada de este proceso podría significar, en nuestro caso, la creación
de situaciones no deseadas como ha sucedido en algunos países.
47. Por ello, en el pensamiento económico
mundial, comienza a ganar terreno una vez más el concepto de adecuación de
cualquier modelo a las condiciones y tradiciones de los distintos países.
Nuestra condición de país emergente impone aderezar los recetarios
económicos. Nuestra tradición latina no permite rehuir el sentido ético que
se le exige a los programas de modernización.
48. Cuba debería y podría ser el escenario
natural que de entrada a un proceso gradual de globalización, a través de una
modernización necesaria que cree las condiciones óptimas para asumir sus
contenidos.
49. Los reajustes que imponen las dinámicas
actuales de una economía globalizada, han traído efectos sociales positivos y
también negativos que pueden amenazar la estabilidad necesaria en países,
donde se inserta Cuba, que intentan la doble modernización: política, en
términos democráticos, y económica, en términos de bienestar.
50. No debemos olvidar que la modernización no
debería entenderse como un proceso exclusivo de desarrollo económico. Es
también un proceso que busca nuevos conceptos de intercambio en las relaciones
al interior de la sociedad; y esto comprende y coincide con la expansión de las
demandas sociales.
51. En Cuba podemos poner en práctica otros
estilos. Y Cualquier reforma económica que nos propongamos debe reparar en los
costos sociales de la misma. Las experiencias de otros países justifican una
alternativa de Transición gradual y ordenada desde una agenda minimalista.
52. Desde aquí debemos buscar y definir unas
bases desde las cuales el mercado sea un instrumento, no el elemento
determinante de los valores o de las opciones sociales. El mercado en la base
del desarrollo económico y la política abierta a la agenda social.
53. La circunstancia de que en Cuba coinciden la
necesidad de modernización y la realidad de la globalización matiza nuestra
reestructuración económica.
54. La cuestión es saber si nos modernizamos
globalizándonos o si nos globalizamos modernizándonos. No es este un mero
juego de conceptos. La diferencia radica en la velocidad, las fases y los
tiempos de la apertura que implicarían un modo de inserción. Cuba, que
proviene de otro círculo de referencias económicas, no estaría en condiciones
de una inserción veloz en los circuitos de la economía mundial, si no queremos
correr el riesgo -y no sólo- de ser absorbidos. En este sentido, estamos frente
al síndrome del desierto. Si bebemos toda el agua que nuestra sed demanda,
podemos perecer durante o después de habernos satisfecho. También podemos
perecer si no bebemos ninguna agua.
55. La propuesta de la MROM parte de una base
mínima de y para el consenso: la necesidad de una economía fundada en el
mercado, el fomento de una estructura económica basada en la Pequeña y Mediana
Empresas Independientes (PYMESIs), el reconocimiento a la diversidad en las
formas de propiedad y la formulación de un nuevo Pacto Social que asuma las
demandas sociales de la modernización.
56. Y esta propuesta nace autolimitada, en el
sentido de que no pretende constituir un programa económico global que enfrente
de golpe todas las dimensiones y problemas de nuestra economía.
57. Desde aquí, y dentro de una concepción
mínima, concebimos un proceso económico inicial basado en las PYMESIs. Ello es
congruente con la necesidad de potenciar a los sujetos económicos nacionales.
58. El reconocimiento jurídico de las (PYMESIs)
parece ser, al menos, una de las medidas principales que cumple una serie de
exigencias porque:
59. Se corresponde no sólo con una experiencia
milenaria en todas las latitudes de nuestro planeta, sino con prácticas
conocidas en nuestro suelo y soñadas por pensadores de la talla de nuestro
José Martí cuando expresó: "un país próspero es un país de muchos
pequeños propietarios"
60. Profundiza al cuentapropismo, lo complementa
y crea sólidos cimientos para su desarrollo, al eliminar los factores que han
limitado el despegue de este sector.
61. Podrían desarrollarse, al menos, en
sectores de gran importancia como la agricultura, los servicios, el turismo, la
industria ligera, la construcción y el transporte.
Ventajas económicas
62. Cambiaría la situación actual de los
cubanos limitados a participar sólo como mano de obra, elevándolos a la
categoría de ciudadanos económicos y situándolos en paridad con los
inversionistas extranjeros. Ello fortalece el concepto de sujetos económicos
nacionales.
63. No privilegiarían ninguna forma de
propiedad respecto a otra, sino que se basarían en su diversidad, de manera que
permita la libre elección por parte de los interesados y la validación de cada
una de ellas en la práctica. Por tanto, las PYMESIs pueden ser privadas,
cooperativas, autogestionarias, mixtas, etc.
64. Desempeñarían un rol importante en cuanto
al empleo y subempleos, y absorberían una gran parte del desempleo que
necesariamente generará el Perfeccionamiento Empresarial; reorientando y
canalizando la fuerza laboral. Por otra parte, permitirían dinamizar un mercado
laboral que coincide con un dato demográfico y sociológico importante: el
envejecimiento de la población cubana. En este sentido serían un complemento a
las actuales medidas estatales.
65. Jugarían un papel fundamental en la
creación, consolidación y crecimiento de un mercado interno homogéneo e
influirían en la reactivación de la economía; factor de importancia en cuanto
a la modernización económica y el bienestar de la población, a la vez que
permitirían reducir la importación de alimentos.
66. Tenderían, por su propia naturaleza y bajo
su propia responsabilidad, a la eficiencia y competitividad y, por tanto, junto
al Perfeccionamiento Empresarial, revitalizarían eficientemente sectores y
ramas fundamentales de la producción y los servicios, permitiendo la
modernización gradual y necesaria para la inserción de Cuba en la región y la
preparación del país para el proceso de globalización. Si el
Perfeccionamiento Empresarial es una modernización desde el poder, las PYMESIs
serían una modernización desde la sociedad.
67. Estratégicamente, permitirían la
adecuación de una buena parte de los cubanos al proceso de dirección
económica dentro del país, de crecimiento de bienes, etc., lo que les
garantizaría mejores condiciones para el momento en que Cuba se inserte en el
proceso de mundialización.
68. Canalizarían una parte considerable del
dinero acumulado en manos de ciudadanos cubanos por diferentes razones e incluso
depositado en cuentas bancarias (según datos de la CEPAL, el 48% de los ahorros
depositados en el Banco Internacional de Comercio S.A.(BICSA) en 1998
correspondían a ahorristas nacionales), y movilizarían otras posibilidades de
transferencias financieras de la emigración a través de familiares dentro del
país de forma más legal, transparente y eficiente.
69. Permitirían unir factores ahora inconexos
como la creatividad, la iniciativa, la responsabilidad, la capacidad, los
capitales en manos de la población, la ciencia y la participación en la
gestión y toma de decisiones en la economía, lo que convertiría al país en
una gran escuela de gestión económica.
70. Atenuarían la contradicción entre el
carácter emprendedor del cubano y su alta calificación en todas las
especialidades y la posibilidad de realización de los mismos. Ayudarían a
disminuir el éxodo de cubanos, sobre todo de un conjunto de personas
calificadas que podrían ayudar al relanzamiento de la economía cubana y
aprovechar su nivel de calificación técnica. No continuaríamos perdiendo uno
de nuestros recursos más poderosos: la preparación calificada de nuestra
sociedad.
71. Permitirían revitalizar la desfavorable y
enorme red de servicios estatales a la vez que permitirían la modernización y
eficiencia del Estado y su concentración en las grandes empresas estratégicas
y en otras funciones macroeconómicas, al despojarse de una atención y
preocupación que los ciudadanos cubanos, por las características ya
mencionadas, pueden atender directamente.
72. Por todas las medidas anteriores las PYMESIs
serían un factor de atracción de capitales hacia nuestra economía, con todos
los beneficios que esto representa para cualquier proyecto de despegue
económico.
Requisitos mínimos
73. Requieren el correspondiente marco legal,
que demandaría la aprobación de una LEY SOBRE LA INVERSION NACIONAL Y LAS
PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS INDEPENDIENTES que les permita, con personalidad
jurídica propia, actuar como entes autónomos en las decisiones sobre los tipos
y cantidad de producción, número de trabajadores, precios, relaciones
comerciales, contractuales, etc.
74. Requieren una política fiscal de estímulo
caracterizada por la flexibilidad y los bajos impuestos de modo que constituyan,
además de una fuente de ingresos al fisco, un instrumento de apoyo a su
consolidación y desarrollo y, por tanto, a la producción, la eficiencia y la
competitividad. Lo que el Estado deje de recaudar por la disminución de las
cuantías se recuperaría con creces por la cantidad de PYMESIs. que surgirían.
75. Requieren la creación de un conjunto de
instituciones de comercio mayorista, de transporte, comunicaciones, acceso a
información, y otras, para el desempeño eficiente de las mismas, así como el
establecimiento de una real paridad entre el dólar y el peso cubano para las
operaciones mercantiles. En estas instituciones paralelas, junto al Estado,
podrían participar las propias PYMESIs. Con este propósito, las PYMESIs.
estarían en condiciones de insertarse en el proceso de reconversión del
sistema bancario impulsado por las autoridades.
Repercusión en el plano social
76. Las PYMESIs. serían un factor generador de
organizaciones de la sociedad civil, pues de las relaciones entre ellas
surgirían infinidad de organizaciones independientes y autónomas.
77. Resultarían, como de hecho ha de asumirse,
un proyecto de cambios autóctono ajeno a presiones externas y ayudarían a
potenciar las relaciones de Cuba con el exterior. La ayuda y la firma de
convenios que ahora están congelados en espera de una señal de este tipo
sería beneficiosa para todos los cubanos. En este sentido serían un factor de
disminución de cualquier política aislacionista hacia Cuba.
78. Serían, en nuestras actuales condiciones un
factor real y eficaz de moralización, de recuperación y consolidación de la
ética y la disciplina laboral y de disminución del delito.
79. Alejarían las posibilidades de salidas
violentas a la actual situación económica del país y serían un factor
favorable para los cambios graduales y ordenados que el país requiere.
Otros argumentos a favor de las PYMESIs son:
80. Colocarían de facto y no sólo por
declaración, a la persona humana como centro, al crear condiciones que
facilitan la igualdad de oportunidades en un orden legal y en soporte homogéneo
para la democratización de la economía, en tanto acerca al trabajador a las
decisiones básicas de su empresa y fortalece los soportes del proceso general
democratizador de la sociedad cubana, tal y como lo exigen los tiempos modernos.
81. Crearían un tejido económico sólido en la
sociedad y potenciarían la sensibilidad social dentro de la comunidad. La
distensión dentro de nuestra sociedad ha estado muy vinculada al embrionario
resurgir de la sociedad civil.
82. Este proceso, de suma importancia para la sociedad cubana, podría y
debería tener su punto de partida en la promoción inicial de la Pequeña
Empresa. Su arranque permitiría acumular las experiencias en aquellos sectores
donde no podrían verificarse, simultáneamente, el desarrollo de las PYMESIs.
83. Resulta necesario, sin embargo, abordar en
unos casos y replantear en otros un grupo de cuestiones que estarían vinculadas
al clima de confianza, a las posibilidades factibles y presentes y a la
racionalidad de este proceso.
84. Primero, es importante avanzar en un
proyecto de análisis y estudio del tema de las propiedades aún no indemnizadas
a sus antiguos propietarios. Exceptuamos de este análisis la cuestión de la
vivienda. Ello está relacionado con los mejores climas de confianza para las
inversiones y su consiguiente marco jurídico.
85. Segundo, es altamente positivo reforzar y
concretar el derecho de los cubanos que viven en el exterior a invertir en Cuba,
derecho reconocido en la Ley de Inversiones Extranjeras.
86. Tercero, es necesario replantear el tema de
la Entidad Empleadora. Su persistencia sería incongruente con la libre
movilidad de la fuerza laboral y con la remuneración debida al trabajador por
el trabajo realizado y
87. Cuarto, es imprescindible que los actos
administrativos y políticos del Estado se ajusten a las regulaciones vigentes
que, en materia laboral, reconocen que "todos los trabajadores, tanto
manuales como intelectuales, tienen el derecho, sin necesidad de autorización
previa, de asociarse voluntariamente y constituir organizaciones
sindicales" (Artículo 13 del Código del Trabajo vigente).
88. Quinto, es necesario resolver
definitivamente la cuestión de la tierra. Su redistribución debe ser de tal
forma que no estimule ni el minifundio ni el latifundio.
89. La posibilidad y las condiciones para las
PYMESIs están creadas dentro de la sociedad y dentro de las instituciones.
Afinar un esquema de este tipo contribuiría a potenciar transformaciones más
profundas, pero en un marco positivo y desde condiciones más favorables para
todos los actores políticos y sociales de Cuba.
90. El desarrollo de ellas requiere, sin
embargo, otra condición: la que demanda de las autoridades cubanas un cambio en
la visión negativa que tienen de la propiedad no estatal y del bienestar
asociado al despliegue positivo de los intereses.
91. La política tributaria actual, presente
junto a las restricciones escalonadas -que son expresiones de esta aproximación
negativa-, parecen más un dispositivo fiscal confiscatorio y restrictivo que un
instrumento político para redistribuir la riqueza creada.
92. Diseñar una política económica de largo
alcance en Cuba no es compatible con esta visión negativa; en un país cuyas
dimensiones económicas y demográficas invitan exactamente a potenciar las
PYMESIs, para que sean los ejes fundamentales de una estructura nacional y de
una posibilidad económica estratégica.
Indice
CAPITULO
VII: Finalidades de la Transición
1. La necesidad de la Transición es una urgencia de la realidad nacional, dada
por el agotamiento del proyecto actual con su crisis económica, política,
social, moral y su total carencia de perspectiva futura.
2. Estas ideas nos conducen a una hipótesis: si
el medio es legítimo y el fin va encaminado a reencauzar en Cuba la democracia,
el Estado de derecho y los valores nacionales, quienes impulsen un desenlace
razonable pueden contar con nuestro apoyo sincero.
3. Más allá de la necesaria solución del
diferendo entre los gobiernos Cuba-Estados Unidos, éste no debe solapar el
verdadero y profundo conflicto entre cubanos demócratas y no demócratas y
entre los demócratas del mundo entero y los partidarios de los esquemas de
Partido Único.
4. Carecería de sentido, sin embargo, hacer hoy
planes detallados sobre la reconstrucción de Cuba, pues todo dependerá de si
nos encaminamos o no en la dirección de la libertad y la profundidad en las
modificaciones. Por otra parte, sostenemos la convicción de que somos los
cubanos todos los que tenemos que decidir sobre el futuro económico y político
del país y no un solo partido, por bien intencionado que se muestre. Lo
anterior plantea la necesidad de que nos sentemos en la mesa de negociaciones
con el gobierno para discutir las cuestiones que la realidad impone.
Diferenciamos bien a qué aspiramos globalmente de nuestra disposición a
discutir cualquier aspecto medular de la vida nacional que beneficie a la
ciudadanía en su conjunto.
5. Por supuesto que estamos en posesión de
ideas generales, pero los que creemos en la libertad individual y la sana
convivencia social jamás intentaremos imponer a la sociedad qué se debe o no
hacer en el futuro.
6. Nuestra tarea en estos momentos se limita a
proponer la creación de las instituciones adecuadas, para que los individuos y
grupos escojan libremente lo que les parezca conveniente a sus ideales e
intereses. La experiencia nos ha enseñado que las personas son mucho más
eficientes que los Estados o las tendencias ideológicas a la hora de formular
expectativas racionales, actuar en consecuencia y crear riquezas. Otros
resultados ajenos a nosotros demuestran que los juegos de ingeniería humana y
sus benévolos caprichos, suelen crear enormes dificultades a los pueblos que
son utilizados para estos fines.
7. Nuestra tarea reside, por otro lado, en
continuar trabajando a favor de la unidad de las fuerzas democráticas de la
oposición y en potenciar los contactos que hacia o desde nosotros se produzcan
con las autoridades e instituciones del gobierno y la sociedad; ofreciéndoles
nuestra sincera colaboración siempre que estas gestiones se propongan la
búsqueda de los necesarios cambios.
8. Porque nuestra Nación vive un momento
traumático y definitivo de su historia. Todos percibimos que la actual
coyuntura puede tener un triste desenlace, similar a anteriores y exógenas
experiencias desagradables. Hemos hecho un inmenso y doloroso recorrido para
retornar, en muchos aspectos, al punto de partida. Es nuestra responsabilidad
aprender de los errores y ser capaces de superar las adversidades. Existe un
camino - que pretendemos construir a través del diálogo y la negociación - no
exento de trabas. Pero si actuamos con cordura y buena voluntad, podemos llegar
a la meta sin violencias y sin vencedores y vencidos. El patriotismo, el sentido
del deber y la responsabilidad pueden, incluso, hasta rescatar a nuestra Nación
de éste, uno de sus momentos más difíciles.
9. ¿Adónde ha de conducir el proceso de
diálogo y negociación con las autoridades?
10. Definitivamente hacia un Estado Nacional
Democrático de Derecho, que establezca las bases y mecanismos occidentales de
nuestra cultura política.
11. Cuba, como Nación occidental, debe
reencontrarse con sus tradiciones fundacionales y organizar su convivencia
política de manera que los mecanismos de participación y de toma de decisiones
reflejen el contenido plural de la sociedad. Es este el único modo en el que
nuestra Nación podrá llegar a su completamiento.
12. En tal sentido, la democratización de Cuba
debe estar de acuerdo con su matriz liberal. Ello significa que no hay
posibilidad de una democracia no liberal, entendiendo por esto último los
modelos que garantizan la representación, la participación y la elegibilidad
en el marco de una única estructura ideológica o confesional.
13. En Cuba, la Transición debe retomar las
bases del liberalismo político. Éstas constituyen premisas necesarias para la
democracia: las libertades de asociación, de expresión, de reunión y de
elegir y ser elegido para cargos públicos, mediante elecciones libres, tienen
que estar presentes en un ordenamiento democrático. Junto a todo ello, la
alternancia periódica en el poder y la clásica división de poderes. Todo ello
de manera que pueda asimismo combinarse al ciudadano político, cargado de
deberes y derechos, con el ser humano como sujeto participativo y portador de
necesidades materiales y espirituales.
14. Pero dada las azarosas circunstancias
históricas de nuestro país, la Transición también se hace necesaria en tanto
tiene que encaminar una serie de cuestiones irresueltas relacionadas con los
sujetos culturales de la democracia. Lo cual quiere decir que los problemas
ligados al caudillismo, a la personalización de las alternativas, a la ausencia
de cultura y ética políticas y a la parcelación del poder -que dieron al
traste con nuestros intentos republicanos y con el sentido incluyente de la
Nación- deben resolverse si es que queremos darle un carácter permanente a
nuestra democracia futura.
15. La diversidad de partidos -cuestión básica
de derecho político que asumimos dentro de los fines de la Transición- tiene
ante sí la tarea fundamental de garantizar que no se repitan los males
expuestos en el párrafo precedente. Y esto debe ser así porque tales partidos,
junto al ejercicio efectivo de la ciudadanía política, constituyen los ejes
democratizadores del Estado.
16. En esta dirección, una democracia que
privilegie el consenso es más adecuada a las condiciones sociológicas y
culturales de nuestro país, tal y como fue demostrado por los Constituyentes de
1940. También ella es necesaria para garantizar el tránsito pacífico, gradual
y no traumático de un estado a otro en la sociedad y para que el "viaje
entre dos puntos distantes" no rompa "la estabilidad de sus propios
caminos".
17. Con esta Transición queremos alcanzar, en
fin, una sociedad sin privilegios de clase, raza, por el color de la piel, sexo,
religión o afiliación política. Una sociedad donde el ejercicio de la
opinión y de las libertades no constituya motivo de juicio y encarcelamiento
políticos. Esta justicia significa igualdad de todos ante la ley, e igualdad de
oportunidades.
18. Es imprescindible que la Transición nos
lleve a una economía solidaria: buscaremos que aquélla se encauce hacia un
ordenamiento económico plural y participativo que debe estar orientado a
cambiar la situación actual, creando las condiciones necesarias para el
desarrollo integral de la persona humana y del bien común.
19. Una economía donde el desarrollo económico
y social se busquen a la par, y se garanticen al pueblo cubano los logros que ha
alcanzado con su trabajo y sacrificios por más de cuatro décadas en el campo
de la educación y la salud y que hoy se encuentran en serio peligro. Es
imprescindible, además, que las transformaciones profundas que esta Transición
genere, cuente con la sanción de toda la sociedad mediante los instrumentos
públicos con que ésta se dote.
20. Esta Transición que proponemos es un
reencuentro con los fundadores intelectuales de la Nación. Como José Martí,
el Padre Félix Varela y Morales, al decir de Juan Pablo II, "fue el
primero que habló de independencia en estas tierras. Habló también de
democracia, considerándola como el proyecto político más armónico con la
naturaleza humana, resaltando a la vez las exigencias que de ella se derivan.
Entre estas exigencias destacaba dos: que haya personas educadas para la
libertad y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado en su interior,
que asuman lo mejor de la herencia de la civilización y los perennes valores
transcendentes, para ser así capaces de emprender tareas decisivas al servicio
de la comunidad; y, en segundo lugar, que las relaciones humanas, así como el
estilo de convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona
pueda, con el necesario respeto y solidaridad desempeñar el papel histórico
que le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho, garantía esencial de
toda convivencia humana que quiera considerarse democrática".
Indice
CAPITULO
VIII: Fuerzas externas: su importancia en el proceso de Transición
1. La MROM parte del siguiente presupuesto: el pueblo cubano tiene el derecho y
el deber de ser el autor de su historia y de decidir y construir su propio
destino. Ningún país tiene derecho a imponerle al pueblo cubano medidas
políticas, económicas y diplomáticas que atenten contra su soberanía o a
ocupar parte alguna de su territorio nacional. Los países democráticos del
mundo deben cooperar y acompañar al pueblo cubano respetando su
autodeterminación.
2. En este sentido, Cuba debe abrirse a una
Nueva Frontera. El pueblo cubano ha estado sometido a una doble presión: una
directa, el aislamiento de su propio gobierno y otra indirecta, los intentos de
aislamiento de los Estados Unidos hacia el gobierno cubano. Y "es necesario
que Cuba se abra al mundo" y que a Cuba no se le obstruyan las relaciones
con el mundo. El sistema imperante nos ha colocado en los márgenes de ese
mundo, impidiéndonos la participación ciudadana y el protagonismo social.
Tenemos como objetivos romper ese aislamiento y lograr que el nuestro se inserte
en la corriente de pueblos libres del mundo.
3. Desde aquí, nos encaminamos hacia el
fortalecimiento de los lazos internacionales, extremadamente convenientes para
la Cuba del presente y de donde saldrá la Cuba del mañana, a través de las
internacionales políticas. Trataremos de crear para ello, los vínculos y
relaciones con los gobiernos y centros políticos y financieros de primer orden
en el mundo occidental. De igual forma, no obviaremos cualquier mano amiga que
resulte útil en la reconstrucción del país.
4. La sensibilidad democrática internacional es
necesaria para nuestros propósitos. Ningún proceso de Transición conocido ha
podido verificarse sin tener en cuenta la incidencia, casi siempre favorable, de
los factores externos en semejantes procesos. El papel que pueden jugar en el
proceso las personalidades de prestigio internacional del universo político,
intelectual y científico, las organizaciones regionales hemisféricas; así
como las instituciones internacionales no gubernamentales y los gobiernos o
grupo de gobiernos es fundamental para crear el clima de confianza y
credibilidad que son necesarios para una Transición en Cuba; caso único y sin
antecedentes.
5. La era de la globalización, con su sólido y
permanente flujo de interrelaciones, viene fortaleciendo la interdependencia
entre los fenómenos internos y externos. Esta interdependencia se hace más
transparente en naciones abiertas, pero se hace más necesaria y acuciante en
países como Cuba, deliberadamente aislados, y donde sus autoridades perseveran
en la política de puertas cerradas.
6. La cuestión a saber es: qué enfoques deben
prevalecer para lograr una apertura global desde el exterior, y si dichos
enfoques deben ser agresivamente condicionantes.
7. Nosotros privilegiamos un multilateralismo
crítico, constructivo y vinculante que coadyuve a crear escenarios externos e
internos positivos para favorecer una Transición integral y armónica.
Multilateralismo, no entendido exclusivamente como concertación política de
los Estados a escala internacional, sino como un esfuerzo dirigido
simultáneamente hacia distintos campos y sectores de la sociedad. Las teorías
economicistas de la Transición, no han tomado muy en cuenta la autonomía de la
esfera política; sobretodo en sociedades que por naturaleza carecen de las
asociaciones intermedias de la sociedad civil.
8. Con esto estamos diciendo que no favorecemos
el aislamiento de Cuba; entendido esto como pueblo y gobierno. Una política de
inserción gradual, de diálogo crítico y contacto permanentes ayuda mucho más
a la evolución de sociedades de hechura totalitaria.
9. Las políticas externas de las sociedades
abiertas han sido más exitosas cuando se han diseñado de acuerdo a su propia
naturaleza, que cuando han imitado la inflexibilidad y la dogmática de muchas
de las sociedades cerradas con las que interactúan.
10. No es esto último la visión adecuada para
afrontar la complejidad de Transiciones como la de Cuba.
11. La comunidad internacional debe trabajar
desde un enfoque más cercano, para entender la especificidad de nuestro país y
así contribuir a adelantar, positivamente, las transformaciones necesarias en
nuestra Nación.
Indice
CAPITULO
IX: Esbozo para un proyecto de Nación
1. A diferencia de muchas naciones de Occidente,
Cuba se enfrenta a un dilema de simultaneidad complementario: democratización y
completamiento del proyecto nacional.
2. Dilema de difícil solución, si tenemos en
cuenta que la pertenencia nacional contiene determinados elementos y exige
específicos sacrificios que son irracionales en términos de pertenencia
democrática: a la Nación se llega por un pacto de sangre o por nacimiento; a
la democracia, por derramamiento de la propia sangre o por contrato.
3. Debe entenderse de ello que la Nación impone
un vínculo donde la democracia ofrece una pluralidad de vínculos. Sin embargo,
la tentación de definir la convivencia democrática sin definir la convivencia
nacional es tan peligrosa como ilusoria.
4. Fue precisamente sobre la base de acuerdos
nacionales básicos, que las naciones de Occidente pudieron desplegar, no sin
dificultades, procesos democráticos sólidos y estables.
5. Cuba ha de resolver las inconclusiones de la
Nación para poder alcanzar la plenitud democrática. Y Este proceso difícil
tendría más posibilidades aquí, en la medida en que la ausencia de democracia
es uno de los elementos que hacen de nuestro país una Nación inconclusa.
6. Pero ¿por qué es Cuba una Nación
inconclusa?
7. Porque la Nación es la comunidad de
conciencia y convivencia, en la cual se suceden las generaciones y se constituye
la herencia; es la persona colectiva por la que nos reconocemos históricamente.
Está constituida por el territorio y la población asociada con el mismo. En
ella se da la continuidad del ser humano -sujeto pensante y obrante de su
destino- que persiste único y distinto, más allá de la temporalidad
individual o de su casual asociación práctica.
8. Y este sentido de comunidad no ha podido
cristalizar en Cuba.
9. La integración, con sus diferentes niveles
de pertenencia, no ha constituido el referente que atraiga a los diversos y
plurales componentes de la nacionalidad.
10. La cuestión racial, si bien no ha generado
conflictos serios, viene atravesando el siglo sin que se avizoren soluciones
fundamentales. En términos sociológicos y estructurales, ello ha provocado una
fragmentación silenciosa que impide alimentar el sentido integral de
pertenencia a la Nación. La fuerza integracionista del discurso de la
Revolución no corresponde a la realidad. El negro no participa plenamente en la
vida social política y económica, a pesar de que ha hecho aportes esenciales a
nuestra simbología, cultura e historia.
11. La endémica cuestión del latifundio, que no fue resuelto ni en 1940 ni en
1959, ha impedido forjar las pertenencias socioeconómicas en tanto el ciudadano
no siente ni forja lazos físicos y de intereses con el territorio. El
latifundio, tanto privado como estatal, que concentra la propiedad, ha actuado
como un eficaz disolvente de los potenciales vínculos del cubano con la
naturaleza estructural de su economía: ésta demanda de por sí la
diversificación en las formas de propiedad.
12. La debilidad de la sociedad civil, por falta
de articulación sociológica en el pasado o por la ausencia de estructuras
intermedias en el presente, no ha permitido crear un tejido social y comunitario
para la identificación flexible de las personas a escala local; que es por
donde empieza la identificación con la Nación.
13. El desencuentro histórico entre soberanía
nacional y soberanía popular y entre éstas y la democracia ha facilitado la
fusión entre Nación, gobierno y Estado, confundido los espacios de la persona
humana, del trabajo público y de la elección ideológica y conllevado, por
tanto, a un rechazo de la Nación, planteada en términos modernos, cuando el
individuo rechaza lo público y lo ideológico.
14. La definición negativa de la Nación como
lugar de resistencia frente al exterior, aún cuando enmarca la independencia y
construye la soberanía, ha desterrado la diferencia y la pluralidad políticas
y fraccionado la sociedad cubana.
15. La ocultación y a veces negación de
nuestros orígenes plurales ha debilitado nuestro fundamento cultural y a la
Nación misma. Una Nación forjada desde la modernidad - que es diferencia,
civilidad, diversidad cultural e ideológica y republicanismo- no ha vivido
públicamente desde sus orígenes ni desde el equilibrio de sus elementos
diversos.
16. La falta de integración simbólica de la
Nación por la constante manipulación, el desplazamiento, la fragmentación y
el enfrentamiento de héroes y mártires de la Cuba dividida -que pugnan por el
dominio y la representación histórica y parcelaria del poder- han entorpecido
y vienen entorpeciendo la construcción, también simbólica, de la paz civil
necesaria para soldar firmemente la comunidad nacional.
17. El desacuerdo en relación con el carácter
soberano de los sujetos políticos de la Nación y en los espacios legítimos de
estos mismos sujetos, ha imposibilitado la comunicación entre todos los actores
protagónicos de la sociedad cubana y minado el terreno para la creación de un
consenso nacional.
18. Esta Plataforma Común quiere contribuir a
superar estas y otras carencias nacionales.
19. Pero es claro que para ello es necesario
asumir algunas nociones imprescindibles:
20. El Estado es el cuerpo político de la
Nación, independiente y soberano por naturaleza, comprehensivo y responsable de
todo su territorio y de toda la población asociada con el mismo.
21. El gobierno es el equipo humano casual que
ejerce la función gubernativa: defensa, dirección e impulsión efectiva de la
Nación. Si el Estado es la organización de la sociedad, su estructura
jurídica persistente, el gobierno es la concreta porción gestora que se
responsabiliza con la conducción de los propósitos comunes.
22. El gobierno está obligado para con el Estado, y éste para con la Nación
concebida ésta como un todo integral único y distinto, así como para con cada
uno de sus ciudadanos.
23. De la misma manera, la persona individual de
cada ciudadano está obligada para con el Estado en cuanto a la existencia,
integridad e inalienabilidad de éste, a su organización legal y a la
determinación de su gobierno.
24. Si se vive en comunidad -y no hay como
hacerlo de otra manera- hay que asumir, con respecto a ella, tanto los derechos
como las obligaciones. Gobierno y pueblo no son sino dos instancias correlativas
de una función interactuante, mediante la cual se hace consciente y patente el
desarrollo de la vida humana en tal comunidad.
25. El gobierno de un país es responsable de
todos sus ciudadanos; ni puede desprenderse de ellos a capricho ni
entregárselos a otro. El gobierno no es dueño, sino representante y protector
de los ciudadanos. No puede enajenarlos ni liquidarlos; antes tiene la
obligación de proveer para el desarrollo de éstos y de ejercer su protección
y defensa.
26. El ciudadano se debe a su Nación y a las
leyes de su país. Por lo tanto, aunque no viva en el mismo, es legítima su
preocupación por la organización legal de su país y por la calidad de su
gobierno.
27. La Nación constituye patrimonio y heredad
de todas las generaciones, anteriores y posteriores; por lo tanto nadie, ni el
gobierno aún legítimamente constituido, ni siquiera todos sus habitantes en un
momento dado, puede comprometer o enajenar la independencia y soberanía de
dicha Nación.
28. La Plataforma Común ha asumido estas nociones. Es consciente, por otro
lado, de que es urgente rescatar para ellas los valores espirituales, éticos y
culturales que son históricamente parte de nuestra nacionalidad.
29. Es urgente también, abrir las puertas de la
reconciliación nacional. Las heridas en la sociedad cubana han sido muy
profundas y han durado largo tiempo; han incidido en todas las esferas de la
vida social y entre ellas, una de las más importantes, ha sido la división de
la familia y la desaparición de la mayoría de las sociedades intermedias. Es
necesario que los cubanos nos encontremos, nos reconciliemos y dejemos a un lado
todo lo que nos separa de un empeño común: reafirmar la Nación cubana.
30. Para ello hay que sellar las fracturas
simbólicas de la Nación, asumir la corresponsabilidad de nuestros destinos
nacionales, borrar los agravios históricos que alimentan las venganzas mutuas e
impiden construir la justicia sobre la paz social y devolver una mirada madura
hacia el interior para afrontar los retos del siglo XXI.
31. Estamos convencidos de que es posible
presentar al pueblo cubano y al mundo una alternativa creíble. Tanto la
independencia, como realidad histórica, y las necesidades de la Nación, como
realidad sociológica, exigen la democratización de Cuba. Solo que con este fin
debemos volver a los principios y valores de la Nación Cubana históricamente
expresados por el Padre Félix Varela y José Martí.
Indice
Anexo:
Firmas de los miembros de los comités
políticos y nacionales de las organizaciones miembros plenos de la MROM
FIRMA DE LOS MIEMBROS DE LOS COMITÉS POLÍTICOS Y NACIONALES DE LAS
ORGANIZACIONES MIEMBROS PLENOS DE LA MROM
PARTIDO SOLIDARIDAD DEMOCRÁTICA
Fernando Sánchez López (Presidente)
Rogelio Travieso Pérez
Pablo Silva Cabrera Ramón H. Colás Castillo
Adolfo Fernández Saínz
CORRIENTE SOCIALISTA DEMOCRÁTICA CUBANA
Manuel Cuesta Morúa (Secretario General)
Leonardo Calvo Cárdenas
Osmar Laffita Rojas
Alberto Moreno Fonseca
Lucia F. Hernández Plasencia
Dimas C. Castellanos Martí
PARTIDO LIBERAL DEMOCRÁTICO DE CUBA
Osvaldo Alfonso Valdés (Presidente)
Héctor F. Maseda Gutiérrez
Nery Gorostiza Campoalegre
Gumersindo Valero Acosta
José P. Sáez Jiménez
ROYECTO DEMÓCRATA CUBANO
Rafael León Rodríguez (Coordinador General)
Rosa M. Rodríguez Torrado
Carmen Luisa Pinto Pereira
René Pintueles León
Elizabeth Jiménez Sánchez
CONSEJO UNITARIO DE TRABAJADORES CUBANOS
Pedro P. Álvarez Ramos (Secretario General)
Lázaro Cuesta Collazo
Carmelo Díaz Fernández
Francisco Leblanc Amate
Israel Picallo Ortiz
Ciudad de la Habana, 21 de
septiembre de 1999
Inicio de página
|