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"Seis
Pactos y Seis Pasos para una Transicion Tranquila,
una propuesta Global de Seguridad Nacional"
"CONSENSO PROGRESISTA:
un proyecto independiente para el siglo XXI cubano "
¿Qué
es
Consenso Progresista?
Es un espacio político, social, cultural y de
pensamiento abierto a todos aquellos cubanos y cubanas, dentro y fuera
de Cuba, que, desde una perspectiva progresista, estén dispuestos a
aportar esfuerzos, recursos e inteligencia para que la nuestra sea una
nación independiente y soberana, democrática y participativa, próspera y
solidaria, de sólidos contenidos sociales y culturales, respetuosa de
los derechos humanos y del derecho internacional, que viva en paz y
respeto con sus vecinos, y concebida como una república de ciudadanos y
ciudadanas libres e iguales en derechos y responsabilidades. Una utopía,
a la altura de nuestras sensibilidades culturales, que hace posible la
plena dignidad humana.
¿Cuáles son los valores
fundacionales de
Consenso Progresista?:
nacionalismo,
entendido como afirmación y defensa de nuestra independencia y soberanía
frente a cualquier injerencia externa;
democracia,
practicada como libre representación, deliberación y participación
ciudadana de los asuntos e instituciones de interés público;
solidaridad,
vista como creación de redes, preferentemente sociales y públicas, para
la ayuda entre ciudadanos y sociedades;
fraternidad,
impulsada para la búsqueda permanente de relaciones positivas en un
mundo de mujeres y hombres libres; derechos humanos,
planteados como promoción y respeto integrales de antiguos y nuevos
derechos de personas y grupos; multiculturalismo,
concebido como igualdad y respeto de la diversidad cultural y de las
minorías;
ecologismo, asumido
como armonización entre la prosperidad y el desarrollo económico y
social y la defensa y protección del medio ambiente natural, cultural y
psíquico de individuos y comunidades;
institucionalidad,
conceptuada como predominio de instituciones, leyes, intereses y
decisiones colectivas por encima de personas y liderazgos unipersonales;
moderación,
ejercida como ritmo y lenguaje apropiados a la comunicación y a la
gradualidad del cambio político y social;
dialoguismo,
pensado como uso exclusivo del diálogo en la discusión de los asuntos
públicos y en la solución de controversias y conflictos dentro y fuera
de Cuba;
reconciliación,
proyectada como reencuentro necesario y virtuoso entre nuestra memoria y
nuestro futuro para impedir que las tensiones acumuladas desemboquen en
la violencia y garantizar una nación de inclusiones y no de exclusiones,
y ética,
definida como respeto absoluto al diferente y como base de la conducta
adecuada a mujeres y hombres públicos.
¿Cuáles son los tiempos y
contenidos de
Consenso
Progresista?
Consenso Progresista
trabaja a tres tiempos
–corto, mediano y largo plazos– encadenando las propuestas: Seis
Pasos y Seis Pactos para una Transición Tranquila, la red:
Ciudadanos por el Cambio Tranquilo, la Plataforma Común
y Nuevo País. Como contenidos de
Consenso
Progresista,
las propuestas de Transición Tranquila, red Ciudadanos por el
Cambio Tranquilo –compuesta por aquellos que nos apoyen
públicamente– y Plataforma Común están hechas para el corto y
mediano plazos. Ellas son la antesala y el despegue posibles hacia la
democracia, tal y como lo vemos los progresistas cubanos. Nuevo País
está concebida para el largo plazo y reúne, dentro y fuera, a mujeres y
hombres progresistas de Cuba con gusto por las ideas y el pensamiento:
intelectuales, académicos, profesionales y técnicos de las más diversas
disciplinas y en los más diversos ámbitos uniendo inteligencia e
imaginación para responder a las preguntas combinadas de:
¿Qué país somos, qué país queremos los progresistas? y
proponiendo alternativas para otra Cuba posible. Como parte de
Consenso Progresista,
Nuevo País es una propuesta autónoma, con la revista
Consenso como vehículo de expresión, y no contaminada ni
contaminable por la política inmediata para que pueda satisfacer su
mayor ambición de futuro: presentar una alternativa global que,
firmemente arraigada en las bases del siglo XXI cubano, posibilite un
cambio fundacional.
¿Quiénes impulsan
Consenso Progresista?
Son sus promotores: Arco Progresista, Cambio Cubano, Proyecto
Demócrata Cubano, organizaciones de larga tradición política y con sus
propios matices y visiones, y un grupo de ciudadanos independiente,
fundamentalmente intelectuales y profesionales, que creen en el papel
creador de la utopía. Las dos primeras de tendencia socialdemócrata y la
otra socialcristiana. No obstante,
Consenso
Progresista
está abierto al apoyo y la participación de otras
organizaciones y personalidades cubanas −que estén de acuerdo con sus
valores fundacionales− dispuestas a trabajar de conjunto para que la
otra Cuba posible sea una Cuba progresista y mejor.
Para
Consenso
Progresista
la tarea es inmensa. Sin ser un proyecto de coyunturas,
nace en un momento de apetitos regresivos por parte de las autoridades
cubanas −que desafían nuestros derechos y nuestras ansias democráticas−;
de renovadas apetencias hegemónicas por parte del gobierno de los
Estados Unidos −que desconocen nuestra identidad y soberanía como
nación− y en medio de una desorientación generalizada sobre los rumbos
de Cuba −que instala el desencanto dentro y fuera de nuestro país. Cómo
orientarnos e imaginar el futuro neutralizando estos peligros es una
cuestión que
Consenso
Progresista
responderá colectivamente, consciente de que el futuro
comienza por las ideas.
La Habana, 1
de julio de 2004
Seis Pactos y Seis Pasos para una Transición Tranquila
Una
propuesta global de Seguridad Nacional
(Versión
corregida y abreviada)
Introducción
La
situación actual por la que atraviesa Cuba no es un asunto coyuntural.
Nuestra continuidad como nación se encuentra amenazada. Un círculo
vicioso destruye nuestra convivencia y viabilidad como sociedad por la
escasa inteligencia y visión estratégica de país que muestran las
autoridades cubanas.
¿Cómo
salir de este círculo vicioso? No parece haber una salida visible en
medio de la disputa histórica y política entre el gobierno cubano y el
gobierno de los Estados Unidos. La llamada Comisión de Ayuda a una Cuba
Libre, del gobierno de los Estados Unidos, y las medidas tomadas por el
gobierno cubano, supuestamente en respuesta a tal Comisión, ilustran con
viva actualidad cómo se puede dañar a un pueblo por más de 44 años sólo
por ansias hegemónicas. A ambos gobiernos no parece inquietarles, en
este punto de su histórica guerra fría, el presente y el futuro del
pueblo cubano.
Las
consecuencias de esta irracionalidad compartida están destruyendo las
bases y salvaguardas de nuestra seguridad nacional, provocando así que
la estabilidad de Cuba dependa del equilibrio de la histórica tensión
entre los dos países. De hecho, si esta tensión desembocara en una
confrontación, Cuba podría desaparecer. Lo mismo ocurriría si dicha
tensión continúa por mucho tiempo más o si prevalecieran Washington o
La Habana: una situación de bloqueo estratégico que
deja un estrecho margen para una salida política razonable y que debe
ser gradualmente desactivada. Sin embargo, este bloqueo
estratégico nos empuja a buscar soluciones posibles. Por razones
de supervivencia se necesita afrontar con serenidad, energía y
compromiso ciudadano la doble amenaza a nuestra seguridad nacional.
¿Cuál es
esta doble amenaza? Por un lado, la del mesianismo democrático
del gobierno de los Estados Unidos que se ha autoimpuesto la ilegítima e
indignante tarea, para los que estamos comprometidos con la soberanía
nacional, de liberar a los cubanos.
Por otro lado, la amenaza del mesianismo revolucionario,
más fundamental, política e históricamente decisiva, que
destruye, al menos por ocho razones esenciales, nuestra seguridad,
autoestima e identidad nacionales:
la creciente
dependencia de las remesas familiares provenientes del exterior,
fundamentalmente de los Estados Unidos, ata nuestra economía a los
vaivenes de la norteamericana y a las decisiones políticas del gobierno
de ese país; las compras sucesivas a los Estados Unidos coloca
nuestra seguridad alimentaria en las manos de los granjeros
norteamericanos; la incapacidad para crear condiciones
positivas y estables para los ciudadanos dentro de Cuba, que
estimula la emigración hacia Estados Unidos, pone a muchos
compatriotas frente al conflicto de soberanías y lealtades resultado del
actual diferendo entre ambos Estados, a la vez que debilita a nuestra
sociedad y compromete a mediano y largo plazos el libre ejercicio de
nuestra determinación y soberanía como país; la vinculación del
“éxito” individual a las oportunidades que los Estados Unidos ofrecen al
cubano que emigra es una tentación que elimina las referencias a un
proyecto colectivo de nación y la confianza en Cuba como hogar político,
económico y social habitable; la mirada primaria del mundo y de
todo lo que en él sucede a través del prisma de los Estados Unidos,
hacen de ese país el filtro contaminante de nuestras relaciones
internacionales; la negativa a dejar atrás el capitalismo de
Estado y a reconocer los derechos económicos de los cubanos penaliza
y reprime la experiencia empresarial y la autodeterminación económica de
los ciudadanos ejercidas por doquier; destruye, además, cualquier
intento de estrategia económica seria y hace de la economía y sociedad
cubanas unos satélites fuera de todas las órbitas de interacción
mundiales, lo que nos sitúa en la categoría de las sociedades
voluntariamente depauperadas; la represión de toda discusión
seria sobre qué país tenemos y qué país
queremos enquista el cinismo en las elites, no toma en cuenta el debate
que existe en ciertos sectores de la sociedad civil, suspende el
presente en la incertidumbre y la provisionalidad e impide mirar con
serenidad y amplitud al futuro y, finalmente, la penalización y
castigo de la opinión diferente atenta contra el ejercicio de los
derechos humanos entendidos como convivencia pública y respetuosa de la
pluralidad y diversidad política y cultural. En esta perspectiva nuestro
país desaparece por goteo, represión, desencanto, fatiga y agonía. Un
peligro de seguridad nacional difícilmente enmascarable en la política
de Estados Unidos hacia Cuba.
El Método
Para
enfrentar este desafío no podemos seguir tras la búsqueda de soluciones
rápidas e inmediatas a las crisis, alimentada por la idea de que nuestro
actual régimen de vida no duraría mucho y por las creencias, dentro de
una minoría creciente, de que la potencia y la ayuda estadounidenses
son condiciones necesarias, suficientes y deseables para salir de esta
crisis y de que la contradicción fundamental que enfrenta al gobierno
cubano con el pueblo se puede resolver sin considerar el peso y papel de
otros conflictos. Pensamos que desactivar nuestro complicado conflicto
interno es sólo posible con gradualidad y mediante un diálogo de
concesiones mutuas, consensos básicos y garantías generales entre
todas las partes, en una dirección claramente democratizadora, para
poder lograr una transición pacífica. No un diálogo excluyente
que desaloje del poder a unos para alojar a otros, sino un diálogo
inclusivo que abra el hogar nacional a todos. Pensamos asimismo que
una transición pacífica en Cuba requiere asumir la independencia y
soberanía de Cuba y los cubanos: Una y otra cosa no pueden ser eludidas
si queremos democratizar al país con seriedad, realismo y
responsabilidad.
La Plataforma Común
concebida, discutida y redactada en 1999 es el proyecto que mejor capta
el espíritu, la naturaleza y los rumbos de una propuesta de transición
que exprese y plantee las complejidades y alternativas de cambio para
una situación tan difícil como la cubana.
Pero otra
idea prevaleció hasta hoy: la idea, equívoca, de cambios simples e
inmediatos, de democracia como un parto sin embarazo y de las penurias
como elementos suficientes para despertar nuestros instintos
democráticos. Los resultados, además del aumento de la desesperanza, el
escapismo y la crisis espiritual, han sido: mayor polarización
sin un serio debate público, cierre de las salidas políticas, mayor
inmovilismo dentro del gobierno cubano, predominio del diseño político
de los Estados Unidos, enrarecimiento del clima político dentro y en
torno a Cuba y, más importante en términos humanos, represión contra
activistas pro democracia. Es por ello necesario un regreso a los
enfoques planteados en la Plataforma, hoy más que
cuando ésta se presentó, para desechar la tentación a la solución
súbita, total y polarizada de nuestros problemas; nada beneficiosa para
una transición democrática.
La
Plataforma da los siguientes requisitos para una Transición
Tranquila en Cuba: gradualidad: cambios paso a
paso que mediante el diálogo establezcan las prioridades y eviten que
reformas fuera de control impidan otros cambios básicos, en un país sin
hábitos e instituciones adecuadas para ventilar las diferencias;
confianza: no alimenta la sensación de que
participar en el proceso de cambios es un juego de perdedores y
ganadores absolutos; moderación: el empleo de un lenguaje
apropiado para el diálogo que eluda la polarización, impida la
confrontación estéril, la mutua descalificación y la incomunicación
resultante; al mismo tiempo que elimine la tentación de exigir lo que no
tendría sentido exigir a través de un diálogo; inclusión positiva:
no ve los cambios como un proceso contra unos u otros sino a
favor de toda la sociedad, lo que activa el potencial que todos los
cubanos tenemos para facilitar la transición y, por último,
seguridad colectiva: concibe los cambios sin la sombra o
intromisión de potencias extranjeras, y defiende claramente el no
aislamiento de Cuba de y dentro de la comunidad internacional.
Las Bases
de la Propuesta
Como
propuesta de seguridad nacional la democratización es vista aquí como
supervivencia nacional. Los cubanos no podemos ni debemos seguir
agotándonos en la idea de una revolución como única posibilidad para
Cuba o en la idea de una democracia asistida como única opción para los
cubanos. La nación se desvanece aceleradamente; la democracia que se nos
propone nada tiene que ver con el país posible. Sin la
independencia de Cuba será imposible la democratización por y para los
cubanos, pero sin democratización será imposible sostener la
independencia de Cuba.
Hay cosas
que preservar, construir y rescatar. La independencia y soberanía de
Cuba, los avances sociales y culturales y la paz civil que aún
disfrutamos deben ser preservados. La democracia, el espacio y respeto
integral de los derechos humanos y la autoestima nacional deben ser
construidos, en tanto el tejido de los valores debe ser rescatado. La
Plataforma
ofrece el concepto para enfrentar nuestro dilema de simultaneidad
y propiciar cambios que preserven, construyan y rescaten:
la Transición Pactada.
Presentamos en consecuencia seis pactos como bases y
garantías para la necesaria y eventual transición: Un pacto
de cohesión social: que posibilite el acuerdo para poner en
práctica políticas, desde todos los actores sociales, contra las
fracturas y exclusiones sociales presentes y futuras, y que afiance la
preservación de las instituciones de servicio social actualmente
existentes. Un pacto de garantía de propiedades: que
asegure a los actuales inquilinos o usufructuarios, ya sea de bienes
muebles o inmuebles, la propiedad actual o futura sobre estos bienes. Un
pacto por la independencia y soberanía nacionales: que
garantice y nos comprometa a emprender la transición sin la injerencia
de potencia extranjera alguna en nuestros asuntos, que extienda y
fundamente en la soberanía popular la soberanía del Estado y a rechazar
políticas unilaterales que comprometan nuestra libre determinación. Un
pacto por el perdón y la reconciliación nacionales: que
impida ajustes de cuentas por agravios pasados y permita resolver
y sellar nuestras fracturas políticas y culturales, sin que ello
suponga la pérdida de la verdad y la memoria históricas para asumir los
errores y evitar que éstos se repitan. Un pacto por el diálogo:
en el que reconozcamos a este instrumento, ahora y después, como vía,
concepto y fundamento para resolver y propiciar la solución de nuestras
diferencias y conflictos. Finalmente, un pacto contra toda forma
de terrorismo: un compromiso de preservar la integridad física,
psicológica y moral de la persona humana y de condenar todos los actos
execrables de violencia.
Si
incorporamos la idea de que una Transición Pactada es lo
más deseado, conveniente y productivo para Cuba estaremos avanzando
hacia una transformación en nuestra cultura política. Y si asumimos
estos seis pactos preparamos las bases para una
Transición Tranquila hacia la democracia y el respeto integral
de los derechos humanos. La oportunidad de contribuir está abierta a
todos. Para ello el Arco Progresista extenderá la
Propuesta
Global en todas las direcciones
con el propósito de encontrar apoyo a su espíritu y fines y de lograr
los consensos necesarios.
La
Propuesta
Esta
propuesta de seguridad nacional es concreta y desde la concepción de
cambios graduales que defiende la Plataforma.
Propone medidas que eviten la desintegración de nuestro hogar nacional.
En este sentido la
misma es la
base de estos seis pasos que el Arco Progresista pone a
consideración.
1.
Liberación incondicional de todos los prisioneros
políticos y de conciencia.
Las recientes excarcelaciones por razones humanitarias constituyen una
prueba de que la voluntad del Estado puede y debe ser rectificada,
moviéndose en la dirección correcta. Sin embargo, es necesario y posible
ampliar el concepto de lo que el gobierno cubano entiende por
humanitario, haciéndolo extensivo al bienestar de cientos de familias y
a la importancia social y psicológica de la unidad de la familia cubana.
2.
Promover la creación de una Comisión Nacional de Derechos
Humanos,
así como la adhesión ( firma y ratificación) a los Pactos de
Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos Sociales y
Culturales de las Naciones Unidas, que ponga a Cuba en sintonía
con la mayoría de los países del mundo y con los propósitos de esta
organización multilateral.
3.
Promover la cooperativización extensiva de los servicios,
permitir la inversión de los capitales que poseen los cubanos
y ampliar, no restringir como se viene
promoviendo desde el Estado, las categorías del Trabajo por Cuenta
Propia hasta alcanzar el reconocimiento pleno de los derechos de
propiedad y participación económica que naturalmente corresponde a los
nacionales. Las necesidades de seguridad nacional de Cuba exigen la
creación de un sólido tejido económico que provea a los requerimientos
del país y desestimule la desesperación de los cubanos por encontrar
seguridad y bienestar económicos en otros países.
4.
Promover y apoyar el reconocimiento público y social
de sectores y fuerzas que impulsarán un
Diálogo y Consulta Nacionales sobre Independencia, Soberanía y
Democratización en Cuba.
5.
Promover una acción ciudadana de soberanía preventiva
a través de la cual los cubanos podrán expresar su rechazo a los
requisitos y condiciones de democratización para Cuba concebidas
unilateralmente en leyes o políticas de otros países –como son los
casos de la Ley Helms-Burton y de las medidas anunciadas por la llamada
Comisión de Ayuda a una Cuba Libre– y que desconocen o pretenden
usurpar los criterios aceptables y reconocibles e
internacionalmente aceptados y reconocidos de lo que es un gobierno
democrático y respetuoso de los derechos humanos.
6.
Desplegar una diplomacia activa
en todo el
mundo para buscar apoyo a esta
Propuesta
Global
y trabajar por una agenda internacional que promueva
enfoques más viables para la democratización de Cuba, respetuosos de
nuestra soberanía y capacidad como cubanos.
Finalmente
el Arco Progresista deja sentado varias cosas: esta propuesta busca unos
mínimos de consenso político y social para contribuir a detener
el múltiple deterioro de la situación cubana, para lo que es
imprescindible el compromiso ciudadano. Las soluciones individuales poco
aportan a la larga para resolver los mismos problemas individuales de
personas y familias. Al encerrarnos en nichos solitarios de precario
bienestar no garantizamos nuestra prosperidad y seguridad. Es esta, por
otra parte, una propuesta de demócratas y nacionalistas comprometidos,
fundamentalmente, con la independencia y soberanía de Cuba y con la
libertad, el progreso y bienestar de todos: una propuesta razonable para
unos compromisos razonables; alejados de los extremos, los fanatismos,
las soluciones totales y excluyentes.
Y claro
está: las responsabilidades por nuestra situación y nuestro futuro
están en todos y cada uno de los cubanos. La idea de
co-responsabilidad es la única que explica satisfactoriamente lo que
fuimos, somos y seremos. Cierto es que el gobierno cubano tiene la mayor
responsabilidad por los problemas que se acumulan en nuestra sociedad, y
que tendrían solución con una voluntad positiva de mirar al país, sus
gentes, sus necesidades y sus capacidades para salir adelante; sobre
todo la tiene por alimentar la tentación de los Estados Unidos de
ejercer viejas tutelas sobre un país y una cultura que nunca han
comprendido ni se han esforzado por hacerlo. Si los cubanos no logramos
nuestro empeño de ejercer nuestras posibilidades históricas –conectadas
a la independencia y a la democracia pluralista y social– la
responsabilidad básica por impedirlo será esencialmente de las actuales
autoridades de Cuba. Nuestra independencia se defiende conjurando con
sabiduría lo que la amenaza. Pero, y esto es importante, nuestra visión
política no juega a la ruleta de: “Con Castro o contra Castro,
con los Estados Unidos o contra los Estados Unidos”. Cuba es nuestro
afán. Sus problemas valen el empeño psicológico de no personalizar
nuestras controversias. Por otro lado, al definir lo que consideramos
obstáculos, creemos que lo único positivo que pueden hacer los
demócratas del mundo es ayudarnos a democratizarnos por nosotros
mismos. Toda idea de que otros pueden liberarnos para nosotros
es y será un obstáculo en el difícil camino de la democratización y un
obsequio a la voluntad de “eternización” del actual régimen cubano. Por
ello es fundamental hoy recomenzar por lo más necesario y que tiene que
ver con el clima de confianza y la creación de los puentes para que
restituyamos la fe en nosotros mismos, en los demás y en Cuba. Sin ese
clima y sin esos puentes, no prevalecerá ninguna propuesta de un futuro
que puede parecer utópico si como los buenos constructores no comenzamos
a poner las bases desde hoy, todos.
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