Coordinador General:  Rafael León Rodríguez
Representante en el exterior: Siro del Castillo

La Habana, 
 

 
 

 

EL ÉXODO DE LOS BALSEROS CUBANOS DE 1994:

UNA CRISIS CUBANA O UN FENÓMENO CARIBEÑ0.

(Análisis de la crisis en el décimo aniversario)

 

A mediados de 1994, después de varios años de un continuo incremento en el número de balseros cubanos que eran rescatados por los barcos de los Guardacostas de los EE.UU. en el Estrecho de Florida, el surgimiento de dramáticas y no convencionales salidas ilegales de Cuba se hicieron comunes.

Haciendo crisis con los intentos de secuestrar en distintas oportunidades tres barcos remolcadores de la bahía de la Habana, secuestradores que en algunos casos no eran juzgados por las leyes norteamericanas. Este incremento en las salidas ilegales era el producto, por un lado de la grave situación económica del país, originada entre otras cosas por la desaparición del antiguo mundo socialista europeo y por otra del incumplimiento por parte de los EE.UU. del acuerdo inmigratorio de 1987. Por dicho acuerdo, el gobierno de los Estados Unidos se comprometía con el de Cuba, a otorgar hasta un máximo de 20,000 visas al año. Sin embargo entre 1987 y 1994 solamente se habían otorgado 11,222 visas de un supuesto total de 160,000.

El 13 de agosto de 1994, el Presidente de Cuba, Fidel Castro, ante la actitud del gobierno de los EE.UU. con respecto a los secuestradores y el aumento en la salida ilegal marítima de los cubanos, anuncio en un discurso, que  a partir de ese momento se retirarían los guardas fronterizos de las costas cubanas y se permitiría marcharse del país a cualquier persona que así lo quisiera. Provocando a si la mayor crisis de balseros conocida en la historia de este continente. Ante esta situación la Administración del Presidente Clinton ordeno, el 19 de agosto, la intercepción de los refugiados cubanos en alta mar y el traslado de los mismos a un refugio “refugio seguro” en la Base Naval de Guantánamo. Afirmando Clinton, que no permitiría que el gobierno de Cuba se aprovechara, de la tradicional política de “puertas abiertas”, para exportar a la oposición y utilizar las salidas como una válvula de escape durante una severa crisis económica.

Sin embargo, los balseros cubanos no serian los primeros caribeños que serian interceptados en alta mar y trasladados al “refugio seguro” de la Base Naval norteamericana en Guantánamo, al sur de Cuba. En septiembre de 1981 la administración del Presidente Ronald Regan, ante el influjo de refugiados haitianos que existía en esa época, estableció el programa de interceptar en alta mar a los refugiados para impedir que llegaran a las costas norteamericanas. Rompiéndose así la larga trayectoria histórica de este país de abrir sus puertas a los perseguidos y necesitados. La mayoría de los interceptados fueron  regresados en contra de su voluntad a Haití y los menos llevados a la Base Naval de Guantánamo, dándole así una nueva función a la base, en lo que más tarde seria definida como la de  “Refugio Seguro”.

Esta política de interceptación en alta mar fue mantenida también por el Presidente George H. Bush. Entre octubre de 1991 y junio de 1992, un total de 36,596 refugiados haitianos fueron interceptados, la mayoría forzados a regresar a su país y los menos llevados a Guantánamo. En 1994 la administración del Presidente Clinton, continuo con la misma política, pero modifico esta en parte, suspendiendo el regreso forzado de los haitianos a su país, trasladando a todos los  interceptados a la Base Naval de Guantánamo. En mayo de 1994, la Fuerza Conjunta de Trabajo 160 (JTF-160) del Departamento de Defensa de los EE.UU., comenzó la  “Operación Señal Marina’ (Operation Sea Signal), encargada de la responsabilidad de “alimentar, albergar, vestir y cuidar” a los haitianos que había en la base, pero a quienes calificaban  como “emigrantes” (migrants) y no como refugiados. Entre 1994 y 1995,  un total de 21,638 haitianos fueron trasladados y detenidos en los campamentos de Guantánamo.

Localizada en la entrada de la bahía de Guantánamo,  en el extremo sureste de la costa de Cuba, la Base Naval de Guantánamo de la marina de los Estados Unidos de América, cubre un área de 71 millas cuadradas, de las cuales solamente 35 son de tierra firme. Guantánamo es la única base norteamericana en el exterior, que esta localizada en lo que se puede considerar como territorio enemigo. El terreno de la base es semiárido y desértico, de mucho polvo, con un clima seco de muy poca lluvia anual y con temperaturas entre los ochenta y los noventa grados Fahrenheit. La mayor parte del área de la base esta cubierta por la vegetación típica de este tipo de terreno. La única agua potable en la base es la que se produce en la planta de desalinización que allí existe.

En el período comprendido entre  agosto  y septiembre de 1994,  un total de 32,362 ciudadanos cubanos fueron interceptados en alta mar y trasladados para Guantánamo por los barcos Guardacostas de los EE.UU. Con la presencia de los cubanos, el total de la población de refugiados en la base aumento a cerca de 50,000.

A la llegada de los refugiados cubanos, los ya existentes campamentos para los haitianos estaban situados  en el área del antiguo aeropuerto de McCalla, en el lado este de la entrada a la bahía de Guantánamo,  sobre la superficie de las abandonadas pistas de aterrizaje. Cada uno de los campamentos se encontraba rodeado completamente por varias de rollos de alambre de púas y de guardias militares cuidando el perímetro de los mismos. Los refugiados vivían en tiendas militares de lona, teniendo como piso la superficie del terreno y para dormir les facilitaron catres de aluminio del ejercito. Muy pocos campamentos tenían acceso a agua corriente, lo que limitaba extraordinariamente el aseo personal y sus necesidades personales las hacían en letrinas portátiles. La alimentación consistía principalmente, en los paquetes de comida ya preparadas que se usa el ejercito y que también son usadas por la Cruz Roja en caso de desastres. Las posibilidades de entretenimiento y de educación para los cientos de niños eran inexistentes.

Estas limitadas condiciones de vida, aumentadas por la frustración ante un futuro incierto que sentían los refugiados haitianos que allí se encontraban, dieron lugar a fuerte protestas e inclusive a revueltas por parte de los mismos. Esta situación empeoró con la llegada, en menos de dos meses de mas de 30,000 refugiados cubanos que también se vieron obligados a vivir en estas condiciones, dado que todos los recursos que se utilizan en la base tienen que ser traídos desde el exterior, con la agravante de que el único aeropuerto en funcionamiento, queda en el lado oeste de la bahía y todo tenia que ser trasportado por barcos y patanas  hacia el lado este, que era donde se encontraban los campamentos. La infraestructura existente en la base, en el momento de llegar los refugiados haitianos y cubanos, era para 5,000 personas. El incremento de la población en cerca de 50,000 personas, en unos meses,  le presentó al Departamento de Defensa norteamericano un extraordinario reto logístico y operacional.

Para alojar a los cubanos, la Fuerza Conjunta de Trabajo-160 (FCT-160),  estableció más de 25 campamentos en otros sectores de la base, la mayoría en la zona cercana a la costa y en algunos casos en áreas cercanas a las viviendas de los militares que están asignados permanentemente a la base, obligando así al Departamento de Defensa, a evacuar a todos los familiares de los mismos  hacia los EE.UU. por “razones de seguridad”, lo cual creó un fuerte malestar y resentimiento entre esta tropa contra los refugiados con serias consecuencias. En la mayoría de los casos los campamentos de los cubanos se establecieron en zonas bien áridas sobre un suelo polvoriento y/o rocoso, rodeadas también por cercas de alambre de púas y  con las mismas condiciones de vida, alimentación, aseo, etc., que existían para los haitianos. Al igual que los haitianos, los recién llegados cubanos desesperados tanto por las condiciones existentes, como la incertidumbre de cual sería su futuro, realizaron protestas y revueltas masivas. Para  aliviar la tensa situación existente, el FTC-160 traslado a varios miles de cubanos a una base norteamericana en la República de Panamá. Acción que lejos de resolver los problemas, creo nuevas tensiones entre las fuerzas del la FCT-160 y los balseros cubanos con resultados lamentables que terminaron en violentas confrontaciones.

En octubre de 1994, el Departamento de Estado anuncia las medidas, que se habían comenzado a tomar y la que se tomarían en un futuro cercano, para mejorar la calidad de vida de los haitianos y cubanos en el “refugio seguro” de Guantánamo y que reflejan en gran medida la situación precaria y en algunos casos inhumanas que existían y que solamente se veía aliviada por las donaciones, de organizaciones no gubernamentales, principalmente religiosas y de la comunidad cubana en los Estados Unidos. Estas medidas anunciadas por el Departamento de Estado describen en muchos casos la situación existente.

Aumentar en el acceso a agua corriente en todos los campamentos haitianos y el 75% de los de los cubanos. Construir  pisos de madera para todas las tiendas de campaña. Incrementar el ciclo de limpieza de las letrinas portátiles que había, una por casa 30 refugiados, de una vez cada dos días a todos los días. Aumentar el suministro de leche y mejoramiento de las comidas calientes, que finalmente se habían comenzado a preparar y distribuir. Desarrollar el cuidado medico preventivo que venían dando primitivamente, los médicos refugiados que se encontraban en los campamentos, dándole mayor facilidades y suministros. Abrir facilidades para las mujeres en estado y los niños recién nacidos y algunas otras medidas relacionadas con la comunicación y la información. Sin embargo, el trato arbitrario y abusivo cometido por algunos miembros de las ramas de las fuerzas armadas que integraban la FCT-160 continuaron.

Para mediados de noviembre de 1994, la mayoría de los refugiados haitianos habían regreso a Haití, después de la invasión norteamericana a este país y el regreso del Presidente Arístides, algunos fueron arrastrados a la fuerza para montarlos en los barcos del Servicio de Guardacostas que los llevaría de regreso a su país, pues muchos sabían de las arbitrariedades y abusos del Presidente haitiano durante su mandato. El descenso en la población del “refugio seguro” ayudo a mejorar las condiciones existentes. Sin embargo, el daño emocional ocasionado, durante los primeros meses de estadía en los campamentos, producto de las expectaciones frustradas, las condiciones de vida y las prolongadas restricciones en los campamentos, dieron paso al surgimiento de serios problemas de ansiedad y depresión, tanto en la población adulta como entre los menores que allí se encontraban. Muchos balseros se lanzaron a los campos minados o al mar para regresar nuevamente al territorio cubano y escapar así de aquellas condiciones. Otros le pidieron a las autoridades que los repatriaran, acogiéndose a la promesa norteamericana de que si regresaban voluntariamente a Cuba, podrían solicitar su entrada legal en la Sección de Intereses de los EE.UU. en la Habana. Repatriación que era muy lenta y desesperante para los que la solicitaban.

Solo el anuncio de la salida hacia los EE.UU., de los enfermos y de los niños y sus familiares, tanto de la base en Guantánamo como la de Panamá, y la implementación de estas salidas pudieron traer un poco de esperanza para los que allí quedaban. Finalmente la esperanza que se vio culminada con el anuncio hecho por la Fiscal General de los EE.UU., Janet Reno, producto del nuevo acuerdo inmigratorio con Cuba de  mayo de 1995, de que todos los refugiados cubanos que se encontraban en la base, con excepción de las personas con antecedentes penales, podrían viajar a los Estados Unidos. A finales de enero de 1996 el último refugiado cubano había abandonado el “refugio seguro” de Guantánamo, cerrándose así una pagina gris en la historia de las inmigraciones a este país. La última época del “refugio seguro” fue muy distinta a la inicial, los campamentos mejoraron, las tiendas de campana se convirtieron en pequeñas cabañas, cada campamento tenia su propia cocina, dispensario, salón de reunión y esparcimiento, duchas y baños con agua corriente constante, clases para adultos y lo que fue más importante, se eliminaron las alambradas de púas y se permitió cierta libertad de movimiento.

Si bien la salida del último cubano de la Base Naval de Guantánamo cerro un capítulo de la historia, la historia pasada y presente, de las inmigraciones ilegales en el Caribe sigue abierta. Pese a que los balseros cubanos generaron una atención extraordinaria, por parte de los medios de comunicación de todo el mundo y de un gran impacto en la opinión pública, los mismos no son los únicos ni los más numerosos “balseros” del Caribe.

Las estadísticas del Servicio de Guardacostas de los EE.UU., de la década que va de 1995 al 2004, indican que los dominicanos (19,953) y los haitianos (14,956) han sido más frecuentemente interceptados que los cubanos (8,675) en alta mar. Es más, el flujo total*  de los nacionales de estos tres países que se han lanzado al mar para intentar desembarcar en los EE.UU., sugieren que los dominicanos (44,545) y los haitianos (31,058) están mucho más dispuestos a correr esta peligrosa aventura que los cubanos (19,845). Estos números indican que lo que ha sido interpretado como una “crisis cubana” es en realidad una crisis caribeña e inclusive mundial.* *

Sin embargo tenemos que señalar, que la existencia de un trato especial para los cubanos que llegan a las costas norteamericanos por parte de las autoridades, se ve manchado por el trato discriminatorio que dan esas mismas autoridades a los dominicanos y haitianos, a quienes deportan sin contemplación. Mientras a un 5%(401) de los cubanos interceptados, a partir de 1996, se les ha trasladado a Guantánamo para procesar sus solicitudes de asilo, solamente  a 42 haitianos se les ha dado esa oportunidad, pese al conocimiento que tienen esas autoridades de la situación haitiana a lo largo de estos años. Por supuesto a ningún dominicano se le ha dado la oportunidad. De igual forma la política de “pies secos, pies mojados” que practica el gobierno norteamericano con los cubanos, es una muestra más del trato discriminatorio que se emplea contra otros caribeños.

Las razones de esta crisis la podremos encontrar si profundizamos en las situaciones nacionales de los países caribeños. Hace algunos años al iniciarse las actividades para la conmemoración del Cincuenta Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, las mismas se iniciaron bajo el lema de “De Todos los Derechos Humanos para Todos y en Todas partes”. Seis años más tarde, este anhelado sueño del ser humano solo existe o se ha materializado para unos pocos y en pocos lugares.

El Caribe no escapa de esta triste realidad, de ahí los éxodos que existen. Para muchos caribeños y en particular para los trabajadores y sus familias, el sueño del “reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, fundamentos esenciales de la libertad, la justicia y la paz para nuestros pueblos, sigue siendo solamente eso, un sueño. Pues viven constantemente  en la pesadilla de una realidad, donde el derecho a la vida y sus derechos fundamentales en, lo económico, lo social, lo cultural y lo político les son conculcados todos los días, de una forma u otra, en casi todas nuestras islas.

Para los que creemos en el derecho a la vida y la dignidad intrínseca del ser humano es tan criminal el que asesina haciendo uso de la tortura y/o la violencia física, como el que crea situaciones de injusticia económica y social donde los seres humanos mueren víctimas del hambre o por falta de asistencia médica. La libertad de no vivir en la pobreza es tan inalienable, como la libertad de participar en los procesos políticos de un país. Tan inhumana es la represión ejercida en algunos de países caribeños contra los que buscan un cambio verdadero en sus sociedades  y son encarcelados por el solo hecho de pensar distinto, como la represión de la desnutrición, el desempleo, el analfabetismo o  la discriminación.

Bajo esta visión, de la estrecha relación que hay entre la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales y la de los derechos civiles y políticos, que constituyen un todo indisoluble, sin que se puedan justificar las violaciones de unos en aras de la realización de otros, la situación de los derechos humanos en el área del Caribe continua en gran medida deteriorándose. La violencia tanto de origen político, como económica, social y cultural, nos presentan un cuadro poco halagador y lleno de desesperanza.

Hoy en día los informes de los organismos internacionales, regionales y nacionales de derechos humanos, siguen presentando a  muchos países con preocupantes problemas. Entre ellos a Bahamas, Belice, Cuba, Guyana, Haití, Jamaica, República Dominicana, Santa Lucia, Surinam y Trinidad y Tobago. Aunque en los otros países de la región existen también problemas, estos sin embargo, no son contemplados en los informes de estas organizaciones, que en la mayoría de los casos tienen la visión limitada de los derechos humanos. 

Las pesadillas de estas realidades son las que lanzan al mar a los hombres y mujeres del Caribe. Es hora ya que los caribeños salgan de la pesadilla y que se unan en la lucha por el respeto y la garantía de todos y cada uno de los derechos humanos, para todos y en todas partes. Si no se lucha ahora por el derecho a la vida, no habrá garantías para poder lograr un desarrollo humano integral y sustentable. Sin un modelo de desarrollo, donde la dignidad de la persona humana sea el objetivo fundamental, no podrán tener futuro. Sin futuro los caribeños no tendremos esperanza de vida.

Hay que trabajar ahora para que nunca, para que jamás, vuelva a haber un caribeño que tenga que saltar de isla en isla, escapando de la propia, en busca de un destino mejor.

Siro del Castillo

15 de agosto del 2,004

* flujo total: esta cifra incluye las interceptaciones en alta mar por parte de los Guardacostas de los EE.UU., las interceptaciones en las costas norteamericanas por otros organismos policíacos, las interceptaciones por oficiales de otros países como lo ha sido el de las Bahamas y aquellos que han logrado llegar a las costas de EE.UU. y que de acuerdo con las autoridades han logrado escapar.

** Estas estadísticas oficiales han sido tomadas del importante estudio realizado por el Dr. Ted Henken, profesor del Baruch College City University of New York, “Balseros, Lancheros y el Bombo: La inmigración cubana a los Estados Unidos desde la crisis de los balseros de 1994 y el existente trato preferencial”.

 

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