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LLAMAMIENTO INTERNACIONAL
En la noche del domingo 4 de
noviembre cruzó el archipiélago cubano un huracán de gran intensidad -
categoría 4 en la escala Saffir-Simpson de hasta 5 - nombrado Michelle. Este
fenómeno meteorológico afectó, fundamentalmente, a 8 provincias: Pinar del
Río, La Habana, Ciudad de La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara, Ciego
de Ávila, Sancti Spíritus y el municipio especial Isla de la Juventud, con
vientos promedio de 200 Km/h.
En la medida en que se han ido restableciendo
las telecomunicaciones, la energía eléctrica y el acceso a las áreas más
afectadas, se han estado publicitando los efectos más significativos de esta
tragedia nacional por la prensa, la radio y la televisión.
Este huracán, como ningún otro, ha servido
para demostrar el alto grado de desarrollo alcanzado por el sistema de la
Defensa Civil de Cuba, al conseguir minimizar las pérdidas fatales de vidas
humanas - cinco, hasta el presente, según datos oficiales - a pesar de la
magnitud del meteoro.
Pero también el huracán ha servido para poner
al descubierto la lamentable pobreza material de la mayoría de los pobladores
de las zonas más dañadas en cuanto a la calidad de las viviendas, el
amoblamiento de las mismas y los medios para enfrentar un acontecimiento de esta
naturaleza.
No es necesario repetir aquí los datos de las
pérdidas en el terreno de la economía. Constantemente se están ofreciendo
éstos por los medios de información nacionales, especialmente en la
agricultura cañera y de producción de alimentos, en el tabaco, en las redes de
transmisión de energía y de telecomunicaciones, en las instalaciones
industriales y hoteleras, educacionales y de todo tipo, pero más
dramáticamente en las viviendas de los sectores más vulnerables de la
población.
Para nadie es un secreto la difícil situación
económica por la que venía transitando nuestro país antes del huracán.
Treinta años de "socialismo real" y doce de "socialismo
especial"; más los efectos de la crisis actual en la economía mundial -
agravada por los atentados del 11 de septiembre en Washington y New York -,
sumado a cuatro décadas de beligerancia, embargo y desencuentros entre Cuba y
los EE.UU., obligaron, incluso, al presidente del Consejo de Estado, a una
comparecencia televisada sobre el tema el viernes 2 de noviembre. Cuarenta y
ocho horas antes del paso del huracán Michelle.
A todo esto, tenemos que añadir la falta de
voluntad política de las autoridades cubanas, hasta el presente, para abrir la
economía, darle oportunidades a la iniciativa privada nacional y pluralizar la
sociedad política. De esto no se habló, aun existiendo una propuesta en la
Plataforma Común de la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada, entregada
al gobierno cubano hace ya más de 2 años, que propone desde la sociedad civil,
cambios graduales y viables en esa dirección.
Lo que sí se afirmó, luego del huracán, fue
la determinación de no solicitar ayuda internacional para paliar los efectos de
Michelle.
Pero los gobiernos, en primer lugar, están en
la obligación de velar por sus ciudadanos y, como sus representantes, tienen el
deber de proveer para el desarrollo de éstos y de ejercer su protección y
defensa, más allá de cualquier sentimiento, legítimo o no.
El pueblo cubano tiene derecho también a
recibir la solidaridad internacional.
Ante la magnitud de la tragedia humana que
constatamos día a día y, desde la sociedad civil emergente, el Proyecto
Demócrata Cubano sí hace un llamado urgente a la Comunidad Internacional, a la
Unión Europea, Canadá, Iberoamérica y el Caribe, a los países del este
europeo, China, Japón y el resto de los países asiáticos, al sistema de
Naciones Unidas para Casos de Desastres y a las organizaciones no
gubernamentales (ONGs) para que:
Se solidaricen con el pueblo cubano y envíen
ayuda material de emergencia, fundamentalmente alimentos, medicinas, ropa y
calzado.
Entre los gobiernos de Cuba y el de los EE.UU.
fueron intercambiadas notas diplomáticas entre los días 7 y 8 de noviembre,
las cuales el cubano definió como "amables" y propuso hacer, por esta
vez, una transacción comercial en materia de alimentos y medicinas. Pero no son
tiempos de manipulaciones ni de juegos diplomáticos; son tiempos de urgencia
humanitaria.
El gobierno cubano está en el deber de
colaborar con los gobiernos, organizaciones e instituciones internacionales que,
como Cáritas, la Cruz Roja o la Media Luna Roja, nos brinden ayuda, a encauzar
ésta para que llegue, lo antes posible, a los damnificados.
En cuanto al gobierno de los EE.UU., opinamos
que, por intereses políticos, no debería perder la oportunidad de tener un
gesto solidario con el pueblo cubano de la isla en estas especiales y difíciles
circunstancias.
Con la atestación de nuestro respeto,

Rafael León Rodríguez
Coordinador General
La Habana, 15 de noviembre del 2001.
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